No puedo creerlo, hoy estoy aquí de nuevo escribiendo por ti. Por un lado, te agradezco porque me haces reconectar con una de las cosas que más amo y menos hago: escribir. Pero, por otro, pienso: ¿por qué, entre tantas cosas que hay para inspirarme, terminas tú siendo mi musa?
Hoy entendí que la piel puede contar historias sin hablar. Una quemadura, un tatuaje, una cicatriz; cada una de ellas tiene una historia, y aquí creo que todos amamos las historias.
Me quedé hipnotizada en tu piel tostada, y tu olor es algo que se me grabó en la memoria. ¿Será que eso puede pasar o estoy siendo muy poeta?
Al hablar cerca de mí, comencé a sentir angustia. Mis manos cambiaban a temblorosas y, definitivamente, no me concentraba en las palabras que salían mientras hablabas. Me costaba mucho enfocarme cuando, en un movimiento, levantaste tu franela y, como quien descuidadamente no quiere, hiciste una especie de autocracia en tu abdomen.
No sé qué busco. Lo que sé es que, si continúa, tengo que alejarme por el bien de todos.
Nunca me había pasado tener que callar por miedo a cuál será la respuesta. Nunca he dejado de decir lo que pienso, pero contigo es como pensar 15 veces la misma cosa y no ser capaz de decirla, por miedo a la respuesta o por miedo a ser entrometida.
Déjenme escribir. Déjenme fluir. Déjenme perderme en palabras que nunca se dirán.
Y perdón si me excedo, pero de la forma en la que te quiero comer no se puede hablar, y besarte como quiero definitivamente sería inmoral. Por lo menos, en las palabras puedo describir las ganas que tengo de…
OPINIONES Y COMENTARIOS