Y todo por falta de atención

Y todo por falta de atención

Ema UB

09/08/2026

«Te quiero, eres una buena mujer, pero no estoy enamorado de ti».

Lo escuché y seguí bebiendo mi café. Al fin y al cabo, en este caso yo no soy la víctima. Hay alguien más en la mesa contigua recibiendo esa triste noticia; yo ya la recibí hace mucho tiempo y hoy, desde el otro lado de la barrera, lo único que puedo decir es: pobre infeliz, te dolerá, sentirás que mueres, pero sobrevivirás.

No, no es que ahora me dé el gusto de ir a cafeterías solo para escuchar las conversaciones ajenas. Me gustaría, pero no tengo tiempo suficiente. Tan solo estaba de paso y el doctor me recomendó tomar más café por el tema de los antioxidantes; en fin, esa es otra historia que no voy a exponer aquí.

En mi experiencia personal, y por lo que he observado, puedo decir que las separaciones ocurren con más frecuencia a finales de verano. Vaya Dios a saber por qué; será que se acaba el calor, la temporada o la playa, no lo sé. Lo que sí sé es que en esta época casi la mitad del personal de nuestra empresa suele terminar sus relaciones, así como la gente de las cafeterías y otros circundantes. Lo triste de esto es que algunas personas vuelven enseguida a intentarlo una vez más, mientras que otras sienten que su vida acabó, que la muerte las visita y que su caparazón, suspendido en los veintitantos, vaga por el mundo hasta envejecer. Para mí es lo más horrible: imaginen morir en vida y seguir por el mundo como un zombie emocional.

El amor, el amor… Vaya a saber quién lo inventó. En alguna ocasión dije que los poetas, pero seguramente este sentimiento tan abrumador tuvo que ser obra de Dios. Usamos nuestra vida para buscar o entender el amor, y el amor nos da más vida; obvio, en caso de encontrarlo o entenderlo. A través de los tiempos el amor nunca pasó desapercibido: se hacen obras literarias, pinturas, arquitectura, ciudades y hasta invenciones solo por amor o en nombre del amor. Una maravilla es el amor, y un tormento también.

Volviendo al tema: por qué ese hombre está dejando a aquella mujer, no lo sé, pero esa cara de cobardía ya la he visto en otro lugar o, más precisamente, en otra persona. Algunos hombres suelen usar palabras bien ensayadas para terminar una relación haciendo el menor daño posible —eso según su propia perspectiva—, pero las mujeres somos emocionales, de más palabras, más explicaciones o quizá razones, y eso es en esencia lo que duele más: la falta de palabras. La tristeza de aquella mujer me recordó a mí, y su silencio posterior también me recordó a mí, pero su acto final no. Ella lo miró como miran las cobras antes de morder y, con una excelencia propia de una docta, le dijo: «Gracias por no elegirme, seguramente hay algo mejor para mí; lo que no agradezco son los cinco meses que me has hecho perder». Después se puso de pie y abandonó el lugar. Si vuelvo a mis propios recuerdos, me hubiera gustado decirle eso a mi ex; en vez de eso, terminé diciéndole que siguiera adelante y no se rindiera. Que me perdone Dios por andar deseándole el bien al diablo.

Pero bueno, por andar en ese análisis me he distraído y he terminado poniendo otra fecha en el documento…

—¡Joder! Gran historia —dijo él, devolviéndome las hojas—. Yo opino que el fracaso del amor en nuestra generación se debe a la falta de atención. Estamos tan secuestrados por las redes y las aplicaciones que se nos olvida dar tiempo de calidad al otro. Darle verdadera atención a sus afectos, tristezas, preocupaciones y hasta distracciones. Tal falta de atención provoca que no conozcamos al otro de verdad; diría, pues, que ni lo intentamos. ¿Cómo puedes amar a alguien si no lo conoces, si no lo entiendes? Imposible, eso es imposible.

Hizo una pausa y me miró con una sonrisa a medio camino entre la burla y la ternura.

—Y eso de andarle deseando el bien a tu ex… es tan propio de ti. Solo un ser humano como tú, después de que le rompen el corazón, se atreve a decirle a quien le mató que le vaya bien. Hombre, que es como decirle a tu verdugo: «siga adelante, haciendo sufrir a la gente». Ya me gustaría a mí encontrarme por el camino a alguien así.

—Tú lo has dicho —respondí, guardando el documento en la carpeta—. Es por falta de atención. Todo por falta de atención.

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