Que el destino te conceda una vida larga.
Y dentro de ella, un solo amor.
Que sus manos encuentren las tuyas
como si siempre hubieran sabido el camino.
Que un día descubras que su alegría pesa más
que la tuya.
Hay fuegos que calientan el invierno.
El amor exige leña cada amanecer.
El día que deja de recibirla,
empieza a devorar la casa donde vive.
Que aprendas esa verdad
cuando ya sea demasiado tarde.
Que cada vez que una herida cierre,
otra vuelva a abrirse sobre la misma cicatriz.
Que el pan te falte,
y el poco que tengas,
tu propia mano lo entregue a quien más ames.
Que sobrevivas
al día en que su voz ya no esté.
Que sigas despertando sin aire
mucho después
de que todo haya terminado.
Ya fue sentenciado.
Que el Fuego Sagrado tenga misericordia de ti.
– Marcelo Caputo
OPINIONES Y COMENTARIOS