cuando estoy muy cansada, triste o saturada, tengo un escape mental, que es malena. Pensar en mi amiga malena. Pensar en ella me da paz. Porque logró tener la vida que yo iba configurando, pero no logré terminar de instalar. Ella pudo, por esfuerzo, por mérito, porque la ayudaron, por suerte. Pero logró llegar a sus objetivos que eran iguales a los míos. Lo cual parecería que la envidio. Y no. Pienso en ella y en su vida y me da paz, esperanza, una esperanza que perdí pero que cuando la pienso, la recupero, no se por qué. La vida de Malena es una brisa de aire fresco cuando estoy limpiando baños de un geriatrico. Es difícil de explicar y de entender. Pero pienso en su vida que es una réplica de la que soñaba, y siento que lo voy a lograr yo también, aunque en la realidad, los años y las condiciones en las que quedé hacen imposible ese logro. Nos conocemos desde el jardín de infantes. Pasamos la escuela juntas. Seguimos las mismas carreras. Y después la vida nos separó porque a mí se me dio vuelta todo para mal, financiero y familiarmente. Básicamente en muy pocos años y sin provocarlo porque siempre llevé una vida correctisima, con dedicación a mi familia, y a mis trabajos, perdi todo. Sin dinero, endeudada y sola. Malena es una mujer con una carrera terminada, un trabajo más que estable, un esposo que la ama, la estima y la admira. Con una casa propia y auto. Varios autos. Y varias casas. Una mujer con su vida absolutamente resuelta. Y yo no puedo comer ni dos veces al día.
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