Capítulo VI. La mesa de los imposibles.

¿Qué significa ser libre?

Aquella mañana la biblioteca había perdido todas sus puertas.

No estaban cerradas. Simplemente habían desaparecido.

Recorrí los muros durante un largo rato. En su lugar encontré anaqueles interminables. Pensé que acaso toda biblioteca verdadera termina por abolir las puertas: quien entra en ella ya no vuelve a salir siendo el mismo.

Sobre la mesa no había libros.

Sólo una jaula abierta.

No tenía pájaro.

Ni parecía haberlo tenido nunca.

Los invitados ocuparon sus lugares sin comentar aquel extraño objeto.

Fue Cervantes quien rompió el silencio.

—Una jaula vacía siempre resulta más inquietante que una llena.

Borges asintió.

—Quizá porque ignoramos si el pájaro escapó… o comprendió que nunca había existido.

Miró a los presentes.

—Caballeros, hoy nos reúne una palabra que los hombres pronuncian con facilidad y entienden con dificultad. ¿Qué significa ser libre?

Homero habló primero.

—Ser libre no consiste en navegar sin tormentas. Consiste en elegir siempre el rumbo hacia Ítaca.

Virgilio respondió con calma.

—La libertad no excluye el destino. Consiste en aceptar el camino sin renunciar a la dignidad con que se lo recorre.

Dante levantó la vista.

—El alma alcanza su mayor libertad cuando deja de obedecer a sus pasiones y comienza a obedecer a la verdad.

Shakespeare sonrió.

—Todos representamos un papel. El hombre libre es el único actor que sabe que está sobre un escenario.

Cervantes acarició la madera de la mesa.

—Mi hidalgo creyó ser libre porque decidió vivir según los libros que amaba. El mundo lo llamó loco. Tal vez confundiera la libertad con el coraje. O tal vez el mundo confundiera la cordura con la obediencia.

Dostoievski habló con una gravedad que parecía venir de muy lejos.

—El hombre desea la libertad hasta que la obtiene. Entonces descubre que toda elección lleva consigo el peso de la responsabilidad.

Kafka permaneció inmóvil.

—Yo nunca vi una jaula.

Todos lo miraron.

—Sólo vi criaturas que habían aprendido a construir barrotes con sus propias costumbres.

Nadie respondió.

Joyce dejó vagar la mirada.

—La conciencia es libre precisamente porque jamás consigue permanecer quieta. Se rebela incluso contra quien la piensa.

Proust habló casi para sí.

—Hay hombres prisioneros de una habitación y hombres encarcelados por un recuerdo. No siempre coinciden.

Montaigne sonrió.

—El hombre más libre que conocí fue aquel que aceptaba ignorar muchas cosas.

Pascal negó suavemente.

—La libertad absoluta sería insoportable. El hombre necesita límites para no perderse en el infinito.

Nietzsche dejó escapar una breve carcajada.

—Ser libre consiste en convertirse en el autor de los propios valores, aunque el universo entero los desapruebe.

Camus apoyó las manos sobre la mesa.

—No elegimos nacer. No elegimos morir. Entre ambos misterios existe un breve territorio donde todavía podemos decir no.

Chesterton observó la jaula.

—El pájaro no canta porque sea libre. Es libre porque canta.

Umberto Eco recorrió con la mirada los estantes.

—Cada libro libera de una ignorancia y encierra en otra. Toda interpretación abre una puerta y levanta un nuevo laberinto.

Hasta entonces Borges había permanecido en silencio.

Tomó la jaula entre las manos.

La observó como quien examina una metáfora demasiado evidente.

—Los antiguos imaginaron el laberinto como una prisión. Yo sospecho que el verdadero laberinto es la libertad. En un corredor único sólo cabe avanzar; en un jardín de senderos que se bifurcan somos responsables de cada paso.

Dejó nuevamente la jaula sobre la mesa.

—Quizá el destino no sea lo contrario de la libertad. Quizá sea apenas el nombre que damos, muchos años después, al conjunto de nuestras decisiones.

Guardó silencio.

Entonces ocurrió algo singular.

La jaula comenzó a proyectar sobre el piso la sombra de un pájaro.

Ninguno de nosotros vio al ave.

Sólo vimos la sombra.

Y comprendimos que, tal vez, la libertad no consiste en romper los barrotes.

Consiste en impedir que la sombra de la jaula aprenda a volar con nosotros.

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