Acompañados de Nadie

Acompañados de Nadie

Ariel Neumayer

29/07/2026

Hay personas que no buscan amor buscan anestesia. No se enamoran de quien tienen enfrente, sino de la ausencia que esa persona les ayuda a no sentir.

La soledad tiene una particularidad incómoda ya que nos obliga a convivir con nosotros mismos, nos enfrenta a nuestros silencios, a nuestras heridas y a todo aquello que mantenemos ocupado para no mirar demasiado de cerca. Y no todos están dispuestos a atravesar ese encuentro.

Por eso, muchas veces, algunas personas terminan construyendo vínculos como quien entra a un refugio antes de una tormenta. No importa si el techo tiene goteras o si las paredes se caen a pedazos, lo importante es no quedarse bajo la lluvia. Confunden compañía con conexión y permanencia con amor.

Que curioso es todo esto. Se le teme tanto a la soledad que, en ocasiones, se acepta algo mucho peor, porque hay una diferencia enorme entre estar solo y sentirse solo. La primera condición puede ser pasajera, la segunda puede durar toda una vida, incluso al lado de alguien.

Quizás una de las formas más sinceras de libertad sea aprender a habitarse. Entender que la soledad no es un castigo, sino un lugar de paso donde uno descubre qué merece y qué ya no está dispuesto a negociar. Ahí es cuando la elección deja de nacer del miedo y empieza a nacer del deseo.

Al final, las relaciones construidas para escapar de uno mismo suelen convertirse en una prisión compartida, ya que cuando el miedo es quien elige a la persona, rara vez elige bien.

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