Tengo un poema atrapado en la cabeza. Aún no sé de qué trata ni si podré escribirlo. Es de esas cosas que se instalan como un vacío en el pecho
Escribo poco y me cuesta leer. Antes era constante. Tenía trece años cuando entendí que contar historias en papel era lo único que quería hacer. Me las arreglé para entrar a Periodismo en la Universidad de Managua a los dieciséis. Era un tonto molesto, pero tenía sueños.
Managua es dura. Soportó un terremoto en los setenta y la gente siguió adelante. Mi padre me habló de eso una vez, entrecerrando los ojos, como si quisiera decirme algo más. Nunca intenté entenderlo. O tal vez él no quería que lo entendiera.
Tengo veintiocho años. He trabajado de mesero en varios restaurantes. Mi primer trabajo fue lavando platos a los veinte. Me gustó el orden dentro del caos de la cocina. Al menos eso me digo.
Son las cuatro de la tarde. Llovió. Llevo la laptop en el bulto y leo a Ruiz Ubiel. Hace poco quitaron la estatua de Cristo Rey. Creo que el poema tiene que ver con eso. Me siento en la banca de siempre en el parque. Dos niños corren hacia los columpios. Enciendo un tabaco Modern y empiezo a teclear.
Hace dos semanas le mandé cinco cuentos a una revista centroamericana. Hoy el editor me respondió que aceptaron todos.
Hay una calle en Altamira, pasando Contech, donde hay dos edificios de vidrio azul. Un guarda de seguridad pasa ahí apostado todo el día. Llevo dos semanas mirando esa esquina. Sé que hay un recuerdo importante guardado ahí. No es la primera vez que fui al dentista, ni la tarde de un 7 de diciembre en que Johnny y yo tensamos un cable caído para derribar al «Lompe» mientras andábamos purisimiando.
—No jodas, majes, son bien mierdas —nos gritó secándose las lágrimas.
No doy con el recuerdo. Tal vez sea otro poema que tampoco he escrito.
¿Dónde está la banda de pájaros que nunca vuela? Alguien más se lo preguntó antes. Creo que esos pájaros solo nos observan, esperando que hagamos algo.
Seguí las indicaciones del poema de Ruiz al pie de la letra. Casi me vuelvo loco. Desvelado, sudoroso, con el corazón acelerado. Estoy cansado de las palabras. Solo quiero encontrar ese recuerdo.
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