Oscura y fría tiniebla

anidó indómita mi espíritu,

y se rompió el silencio eterno de tu voz

con el amargo lamento de mi corazón.

Vacíos mi piel de tus caricias

y mis oídos del consuelo de tus palabras,

ya no están tus respuestas a mis preguntas

ni me acurrucan tus brazos para encontrar la calma.

Te has ido en silencio y sin decirme nada

o me lo dijiste y yo no te escuchaba.

Guardará mi pecho todas tus miradas

las únicas que hechizan en risa mis lágrimas.

Y cuando el dolor cubra de lluvia mis pestañas

y el vacío, astillé parte de mi alma

elevaré al cielo mi llanto en plegaria

para que tú, hecha estrella, me des esperanza.

Etiquetas: desamparo

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS