Si te confesara algo…
¿seguiría el alba vistiendo de oro tu ventana?
¿O el sol, por miedo a mis palabras,
se escondería detrás de la montaña?
Vivimos sembrando risas en la mesa,
compartiendo el pan, la cama y el café;
cada beso es una promesa,
cada abrazo… un hogar donde volver.
Tú no preguntas, yo no te nombro,
y el silencio aprendió a florecer;
porque hay secretos que hacen sombra
sin dejar de proteger.
Si te contara algo, amor mío,
quizá cambiaría nuestro destino;
tal vez la luna perdería su reflejo,
y el viento olvidaría su camino.
Si te contara algo,
ya no habría días felices,
ni besos en la mañana,
ni caricias en la espalda,
ni miradas enamoradas.
Las tazas quedarían frías,
la cama sería inmensa;
el reloj haría más ruido
que el latido de mi conciencia.
No es cobardía lo que callo,
ni falta de sinceridad;
es el miedo de ver tus ojos
convertidos en tempestad.
Porque hay verdades que liberan,
y otras… que solo saben herir;
hay puertas que nunca debieran
abrirse y otras cerrarse para sobrevivir.
Cada noche beso tu frente
como quien pide perdón sin hablar de repente;
cada «te amo» que pronuncio
lleva un peso difícil de cargar.
Y aunque el secreto me consume
como fuego bajo la piel,
prefiero arder en mi silencio
antes que verte caer.
Pero si un día el destino insiste,
si el tiempo rompe esta prisión,
leerás estas letras tristes
escritas con el alma hasta el corazón,
sin pedirle permiso a la razón.
Entonces comprenderás mi miedo,
mi manera extraña de amar;
porque también existen secretos
que nacieron para jamás contar.
Así que hoy no te diré nada.
Guardaré la llave y el umbral.
Solo dejaré esta pregunta
dormida entre cada cristal:
Si te contara algo…
¿Abrazarías la verdad,
aunque muriera nuestra eternidad?
Tus ojos jamás lo conocieron,
tus oídos nunca lo sintieron;
no quise manchar su claridad
con el peso de mi verdad.
La decisión no me pertenece,
mi voluntad aquí fallece.
Es tuya… solo tuya será.
Tú decides si vivir en la ilusión,
o condenar para siempre el corazón.
Porque si te confesara algo…
no habría besos al despertar,
ni manos que nos vuelvan a encontrar;
no habría abrazos bajo el cielo,
ni promesas desafiando el duelo.
Solo el eco de un viejo querer…
y dos almas que, por decir la verdad,
..?
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