No se puede componer

No se puede componer

Ema UB

19/07/2026

Estábamos rotos, esa es la verdad. Creo que, después de aquello, uno de los dos terminó de romperse para no volver a componerse nunca más; el mundo dejó de ser mundo, los colores de la vida se bautizaron de gris, el aroma de las flores desapareció y el alma decidió vestir de luto por la muerte que se causó entre los dos.

La caricia del viento ya no la siento y el sol me parece insípido. Mi piel habita helada, triste, en cierta forma muerta, asesinada por haber sentido tanto. Las maravillas del mundo ya no me emocionan y aquellas cosas de las que solía disfrutar quedaron suspendidas. Cada mañana despierto con una especie de modorra, un letargo que arrastra mi existir por los caminos de este tiempo; un tiempo que se desliza entre mis dedos como la arena del desierto que fue tu mirada.

¿Tú me recuerdas? ¿Recuerdas cuando te llamaba amor? ¿Recuerdas cuando entre mis manos decías deshacer tu alma por el placer?

Me habría gustado escuchar un «sí». Lamentablemente, de tanto morderme las heridas, perdí la capacidad de sentir y me llené la boca diciendo: «ya no lo amo». Me arrastré por la oscuridad rogándole a algún Dios el favor de olvidar. El favor de reiniciarme, de nacer por última vez en algún mundo apartado donde las emociones no existan, donde el dolor no se vuelva a sembrar en mi alma y no vuelva a encontrarte jamás. Pero Dios hizo oídos sordos a este pequeño problema humano; después de todo, el amor, tal como lo conocemos, no es amor, sino una vaga pasión adornada de ilusión.

La herida nunca cerró, solo reposó para agrietarse en el momento correcto. Después de llorar tantas noches, de inundar mi almohada con el dolor, un susurro se hizo eco entre las paredes de mi habitación. Apareció, y jamás dijo ser Dios; solo prometió que mi alma todavía servía como forma de pago. Un negocio, un despojo por olvido… solo que el diablo nunca te da exactamente lo que quieres.

Estábamos rotos, y de entre los dos solo uno sobrevivió. Solo uno, y no fui yo.

—… ¿Cómo es posible el amor entre dos almas rotas? No es posible, yo no lo intentaría. Es una misión suicida, aunque si quieres que yo te devuelva a la vida, podría intentarlo. Yo no estoy roto; solo ansioso por entrar en ese corazón misterioso que se dice muerto, que con el incentivo adecuado seguro se atreve a latir una vez más, a salir del letargo en nombre del verdadero amor.

Ella guardó silencio. Caminó hasta un rincón del estudio, abrió uno de los cajones del escritorio y, sonriendo, me apuntó con una pistola.

—No te atrevas —suspiró—. Prefiero verme muerta a pasar por ese martirio de intentar amar.

De inmediato, apoyó el arma contra su sien y jaló el gatillo. La sangre se derramó en el piso, como la escena de un mal poema; su piel pálida se manchó de escarlata y aquella bata blanca perdió su blancura en manos de la muerte.

Pensé estar loco, dormido o en medio de una pesadilla. Pestañeé varias veces, pero la escena seguía siendo la misma: su cadáver tirado en una esquina del salón y la sangre derramándose por todas partes.

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