Hay una famosa frase que se le atribuye a Arquímedes de Siracusa, el matemático e inventor griego del siglo III a. C. La cita completa, según la tradición, es: «Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo». Arquímedes no lo decía de forma poética, sino estrictamente mecánica. Acababa de descubrir y formular la ley de la palanca. El principio físico detrás de esto es que una fuerza pequeña, aplicada a una distancia larga del punto de apoyo, puede levantar un peso enorme situado a una distancia corta del mismo.
Pero, una vez que has superado la parte puramente mecánica, y a muchos años de que dijera esta frase, se utiliza ciertamente más de manera poética. Es decir, como referencia de algo; y es que, sin referencias, no seríamos capaces de saber nada, aunque nos parezca mentira. Esta misma frase sirve de referencia para atribuirla a Arquímedes, que vivió en el s. III a. C. Asimismo, sirve de referencia para saber quién la pronunció y en qué siglo vivió. Sin esta frase no sabríamos que la pronunció Arquímedes, y sin la referencia de Arquímedes no sabríamos que fue en el s. III a. C.
Dicho esto, está claro que el ser humano nos movemos por referencias y algo está cerca o lejos dependiendo del punto de referencia al que nos acogemos. Es decir, ¿está lejos Ávila? Si tomamos como referencia Madrid, no. Pero no ocurre igual si la referencia que tomamos es Cádiz. Una persona está gorda o delgada comparada con qué o quién; ahí también tenemos nuestras referencias. Y está gorda o delgada según unos estándares que creamos nosotros: peso por altura o, de manera más reciente, la masa corporal, que ahora ya calcula la IA (mal vamos).
En cualquier caso, siempre necesitamos una referencia. Referencia que, evidentemente, puede cambiar, como cambiaron las referencias del colesterol. Lo que ahora es altísimo, hace apenas unos años estaba dentro de los límites de la normalidad.
Lo que es innegable es que, dependiendo de la referencia, uno se da cuenta más, si cabe, del paso del tiempo, de la vida. Recordamos un hecho significativo. Bueno o malo, da igual, e inevitablemente lo tomamos como referencia; y, aunque sin darnos cuenta han pasado unos años, volvemos hacia atrás recordando qué pequeños eran nuestros hijos cuando aquello sucedió (referencia). Cuántas cosas han pasado desde entonces. Los que se han ido y no han podido ver a su hijo conducir, acabar una carrera o conseguir un trabajo. Otros se casaron, nacieron niños. Nuevos modelos de coche. Algunas desgracias, guerras y, por qué no, algunas alegrías.
Todo esto no lo recordaríamos si no tuviéramos una referencia. Sería una vida plana que continuaría como pasó hasta el momento en que tomamos aquello como referencia. No lo dijo Arquímedes. Tampoco fue el s. III a. C. Pero lo cierto y verdad es que hubo un antes y un después de aquella efeméride. Quizás fue mala. O buena. Pero sirvió de referencia para que nos diéramos cuenta de que la vida no para. Pasa. O, mejor, pasamos nosotros por la vida.
OPINIONES Y COMENTARIOS