Deja que el agua estancada fermente,
en la sonrisa de la sanja.
Déjala opaca, de savia viva,
que se quede quieta en su preñez.
Yo le haré una canción más tarde ,
que hable de saltos de ranas, de vuelos silenciosos,
de fangos revueltos,
y de hadas silvestres descansando en los aleros.
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