La masacre de San Juan
Por JOSE DIAZ F
(Comunidad Garífuna San Juan Tela)
No fue la tierra la culpable,
sino la mano que quiso adueñarse del destino;
no fue el maíz ni la semilla,
sino el poder vestido de fusil y de silencio.
San Juan amaneció con el miedo en la garganta,
con madres abrazando el vacío,
con hijos preguntando por un padre
que nunca volvió del camino.
La historia quiso esconder aquellos nombres,
cubrir con polvo las huellas de la sangre,
pero la memoria es un río
que jamás deja de correr.
Cada surco regado con lágrimas
es también una promesa de justicia;
cada árbol que aún levanta sus ramas
parece repetir los nombres de los caídos.
Que nadie olvide a los humildes,
a quienes solo soñaban con vivir en paz,
porque un pueblo que recuerda a sus muertos
es un pueblo que se niega a morir.
Y mientras exista una voz que cante la verdad,
San Juan seguirá de pie,
como una espiga que el viento dobla,
pero que nunca consigue quebrar.
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