
En un mundo donde reinventarse es una necesidad permanente, saber cuándo pedir ayuda puede convertirse en una de las mayores ventajas competitivas de un profesional y una organización.
En el cambiante mundo de hoy, muchas veces agresivo, altamente competitivo y voraz con aquellos que se quedan atrás, siempre debemos estar reinventándonos.
Puede que se trate de nuestra carrera, de nuestro negocio o de nuestra vida laboral, pero la realidad es que constantemente necesitamos ajustar el rumbo, explorar nuevas alternativas y, muchas veces, animarnos a patear el tablero para comenzar de nuevo.
Las reglas del juego cambian con demasiada rapidez como para aferrarnos a una única forma de hacer las cosas. Por eso, ser experto en reinventarse se ha convertido en una habilidad indispensable para alcanzar el éxito. Debemos aprovechar al máximo nuestros instintos, nuestra experiencia y nuestra capacidad de adaptación para generar ese impulso profesional que nos permita evolucionar cada vez que el contexto lo demande.
Todo comienza con una mirada honesta
Claro que reinventarse no consiste en cambiar por cambiar.
Antes de dar un paso debemos desarrollar una buena autocrítica y analizar permanentemente nuestra performance o la de nuestro negocio. Solo así podremos determinar qué ha funcionado, qué no ha funcionado y qué deberíamos hacer a continuación.
Ese ejercicio debería convertirse en un hábito y no en una reacción frente a una crisis.
Y esto debe suceder todo el tiempo, ya sea que nos encontremos trabajando o «entre trabajos» (between jobs), como dicen quienes sienten cierta vergüenza por estar desocupados o, por el contrario, quienes prefieren asumir esa situación con optimismo y entenderla como una etapa temporal.
En cualquiera de los casos, la necesidad de reinventarse sigue estando presente.
El problema es que nunca tenemos tiempo para pensar
Aquí aparece uno de los mayores obstáculos.
Muchas veces el día a día consume toda nuestra energía y no logramos poner el foco en aquello que realmente importa. Las urgencias se suceden una detrás de otra, los problemas operativos ocupan la agenda y terminamos resolviendo el presente sin dedicar tiempo a construir el futuro.
Sin embargo, la reinvención necesita exactamente lo contrario.
Necesita despejar la cabeza.
Necesita tiempo para analizar.
Necesita distancia para observar el panorama completo y preguntarnos si seguimos recorriendo el camino correcto o simplemente continuamos avanzando por costumbre.
Y no siempre podemos hacerlo solos.
El enorme valor de un asesor de confianza
Cuando esto nos sucede, resulta de enorme utilidad contar con un asesor de confianza.
Con él podemos compartir la verdad de lo que nos está pasando, rendir cuentas cuando hemos definido objetivos concretos y disponer de alguien a quien recurrir con poca antelación para obtener ideas, consejos, alternativas innovadoras o, simplemente, una visión diferente de la nuestra sobre el problema que nos ocupa.
Y muchas veces esa diferencia de perspectiva termina siendo el verdadero punto de inflexión.
Porque cuando permanecemos demasiado tiempo dentro de una situación, resulta muy difícil observar aquello que para otra persona es evidente.
No se trata de que el asesor tenga todas las respuestas.
Se trata de que haga las preguntas que nosotros dejamos de hacernos.
Ese simple cambio de perspectiva puede ahorrar meses de trabajo o evitar decisiones equivocadas.
Un asesor de confianza puede adoptar distintas formas
Ese asesor de confianza puede ser una persona o un grupo de ellas. Lo importante no es tanto el formato, sino el propósito: aportar una mirada diferente, ayudarnos a pensar con mayor claridad y acompañarnos en esos momentos en los que sentimos que hemos llegado a un punto donde solos ya no avanzamos.
Los formatos más habituales que encontramos son muy diversos y cada uno aporta un valor diferente.
Puede tratarse de un entrenador ejecutivo o coach, que habitualmente es contratado por la empresa y está disponible para acompañarnos en nuestro desarrollo profesional. El coaching ejecutivo es hoy una disciplina ampliamente reconocida y profesionalizada por organizaciones como la International Coaching Federation (ICF) (https://coachingfederation.org/), que establece estándares internacionales para esta práctica.
También puede ser un grupo de apoyo integrado por referentes de la organización donde nos desempeñamos. Cuando existe un clima de confianza, compartir experiencias con personas que conocen el contexto permite encontrar soluciones que muchas veces no aparecen trabajando de manera individual.
Otra alternativa muy interesante son los grupos consultivos de pares. Existen distintas organizaciones que reúnen a gerentes, directores o dueños de empresas para intercambiar experiencias, analizar casos y aprender unos de otros. La riqueza de estos espacios radica precisamente en la diversidad de miradas y en la posibilidad de aprender de situaciones reales vividas por otros.
En otros casos, ese asesor puede ser un compañero de negocios, alguien que nos conoce bien, comprende tanto nuestras fortalezas como nuestras debilidades y tiene la confianza suficiente para decirnos aquello que quizá nadie más se anima a decir.
Y tampoco debemos descartar la experiencia de un familiar que haya recorrido un largo camino profesional. Muchas veces, quien nos conoce desde hace años puede aportar una perspectiva diferente, libre de las tensiones propias del entorno laboral y con una enorme honestidad.
Como puede verse, las opciones son muchas. Lo verdaderamente importante es contar con alguien que nos ayude a ampliar nuestra mirada.
Una mirada diferente puede destrabar lo que parecía imposible
Ese asesor puede ayudarnos a hacer mejor nuestro trabajo, de manera más inteligente y también más rápida, rompiendo bloqueos que muchas veces nosotros mismos hemos construido sin darnos cuenta.
Cuando llevamos demasiado tiempo inmersos en un problema, es habitual que terminemos viendo siempre las mismas alternativas. Nos acostumbramos a pensar de determinada manera y, sin advertirlo, limitamos nuestras propias posibilidades.
Una conversación con la persona adecuada puede cambiar completamente ese escenario.
No porque vaya a resolver el problema por nosotros, sino porque puede ayudarnos a observar aspectos que hasta ese momento habían pasado inadvertidos.
Por algo las grandes estrellas de la música trabajan con productores y entrenadores, y los atletas de alto rendimiento cuentan con coaches durante toda su carrera. Nadie interpreta esa ayuda como una señal de debilidad; por el contrario, se entiende como una herramienta para seguir creciendo y mantener un alto nivel de desempeño.
En el mundo empresarial debería ocurrir exactamente lo mismo.
Para que la magia ocurra, deben darse algunas condiciones
Sin embargo, contar con un asesor de confianza no garantiza, por sí solo, buenos resultados.
Para que esa relación realmente genere valor deben darse ciertas condiciones.
La primera, y probablemente la más importante, es la confianza.
Debemos confiar en la persona que nos acompaña y, al mismo tiempo, tener la apertura mental necesaria para aceptar aquello que nos dice, incluso cuando no coincide con lo que esperábamos escuchar.
Si únicamente buscamos a alguien que confirme nuestras propias ideas, estaremos perdiendo la oportunidad de aprender.
El verdadero valor de un asesor aparece cuando nos ayuda a cuestionar nuestras certezas, a descubrir puntos ciegos y a analizar situaciones desde una perspectiva diferente.
La segunda condición, no menos importante, es dedicar tiempo para que ese acompañamiento ocurra.
Demasiadas veces me encontré con que mis asesorados no asistían a nuestras reuniones por cuestiones operativas o problemas que, paradójicamente, eran exactamente los mismos que estábamos intentando resolver.
Es una situación tan frecuente como llamativa.
Las urgencias terminan desplazando aquello que podría evitar muchas de esas urgencias en el futuro.
Pensar estratégicamente requiere tiempo. Y el tiempo no aparece por arte de magia: hay que reservarlo y protegerlo.
Por último, existe una tercera condición que considero fundamental: la humildad.
Debemos aceptar que podemos equivocarnos y no permitir que el orgullo nos lleve a negar nuestros errores o a justificar decisiones que claramente ya no están dando resultado.
Aprender implica reconocer que todavía tenemos cosas por descubrir.
Y esa actitud, lejos de debilitarnos, fortalece nuestro crecimiento profesional.
Pedir ayuda también es una decisión inteligente
Durante muchos años se instaló la idea de que los buenos líderes debían tener siempre todas las respuestas.
Hoy sabemos que ocurre exactamente lo contrario.
Los mejores líderes no son quienes responden todo, sino quienes saben rodearse de personas que complementan su experiencia, desafían sus ideas y enriquecen sus decisiones.
Pedir ayuda no nos hace menos capaces.
Nos hace más inteligentes.
Porque nadie, por más experiencia que tenga, puede verlo todo.
Y, en un contexto donde los cambios se producen cada vez con mayor velocidad, contar con una mirada externa deja de ser una ventaja para convertirse en una verdadera necesidad.
¿Y en su organización? Algunas preguntas para reflexionar
La reinvención no debería ser una reacción frente a una crisis. Debería formar parte de la manera habitual en que una persona y una organización evolucionan.
Por eso, más allá del tamaño de la empresa, del mercado en el que participe o del momento que esté atravesando, vale la pena detenerse unos minutos y hacerse algunas preguntas:
- ¿Cuándo fue la última vez que un líder de la organización buscó una mirada externa para analizar un problema importante?
- ¿Los directivos cuentan con alguien que pueda cuestionar sus decisiones con libertad y confianza?
- ¿La empresa tiene espacios destinados a pensar estratégicamente o toda la agenda está absorbida por la operación diaria?
- ¿Existe una cultura donde pedir ayuda sea considerado una fortaleza?
- ¿Los líderes reciben opiniones honestas o principalmente escuchan aquello que confirma sus propias ideas?
- ¿La organización aprende de sus errores o busca rápidamente responsables?
- ¿Los equipos tienen la confianza suficiente para plantear problemas antes de que se conviertan en crisis?
- ¿Se fomenta el intercambio de experiencias entre áreas, niveles jerárquicos o incluso con personas externas a la organización?
- ¿La empresa revisa periódicamente si sus procesos, modelos de trabajo y formas de liderazgo siguen siendo adecuados para el contexto actual?
- Si mañana el mercado cambiara completamente, ¿la organización tendría la capacidad de adaptarse rápidamente?
Estas preguntas no buscan generar preocupación.
Buscan generar conciencia.
Porque una organización que se hace preguntas incómodas tiene muchas más posibilidades de encontrar respuestas transformadoras.
La reinvención empieza cuando dejamos de creer que ya sabemos todo
En un mundo donde el cambio dejó de ser una excepción para convertirse en una constante, la capacidad de reinventarse será una de las competencias más importantes para profesionales y empresas.
Sin embargo, reinventarse no significa abandonar todo lo construido ni cambiar permanentemente de dirección.
Significa tener la capacidad de observar, aprender, corregir y evolucionar.
Significa entender que aquello que nos llevó hasta aquí puede no ser suficiente para llevarnos hacia el futuro.
Y para lograrlo, muchas veces necesitamos una mirada diferente.
Un asesor de confianza no está para reemplazar nuestro criterio ni para tomar nuestras decisiones.
Está para ayudarnos a pensar mejor.
Para mostrarnos aquello que quizás no estamos viendo.
Para hacernos preguntas que nos obliguen a salir de nuestra zona conocida.
Para acompañarnos cuando el camino se vuelve incierto.
Las organizaciones que evolucionan no son aquellas que nunca enfrentan dificultades. Son aquellas que tienen la capacidad de reconocerlas a tiempo y buscar nuevas alternativas antes de que sea demasiado tarde.
La pregunta entonces no debería ser solamente:
«¿Necesitamos reinventarnos?»
Porque, en mayor o menor medida, todos necesitamos hacerlo.
La verdadera pregunta es:
«¿Tenemos a nuestro lado a las personas adecuadas para ayudarnos a descubrir cómo hacerlo mejor?»
Porque nadie se reinventa completamente solo.
Y en un mundo donde la velocidad del cambio no espera a nadie, contar con una mirada diferente puede ser la diferencia entre adaptarse y quedar atrás.
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