—¡Marcia, abrí ya, por favor, es una urgencia! —gritaba Christian golpeando la puerta
enérgicamente.
Ella apareció acomodándose su saco de punto sobre la bata blanca y bostezando con los
anteojos mal puestos.
—¡Christian, son las tres de la mañana! —se quejó, y se interrumpió por el impacto que le
generó la imagen que vio frente a ella.
Con un movimiento leve de su cabeza lo invitó a pasar. Él, luego de entrar rápidamente,
comenzó a caminar de un lado a otro. Ella cerró la puerta, se apoyó contra la misma y
agregó:
—¿Qué te pasó?
—No sé, no entiendo si cometí un crimen, o no es un crimen, no sé, ¡no sé lo que hice,
Marcia!
—¿De quién es la sangre en tu camisa?
—Es de él.
—¿De quién?
—Sí.
Un silencio incómodo inundó la sala mientras ellos se miraban a los ojos. Marcia, tras un
suspiro, decidió preguntar en voz baja, casi imperceptible:
—¿Está…?
Él afirmó con la mirada y se desplomó en el sofá.
Marcia se tapó la boca con ambas manos, arqueó las cejas y, tras apretar unos segundos los
ojos, acomodó sus gafas y fue junto a Christian.
—A ver… para la ley estás vivo, pero va a llamar la atención el cuerpo, las huellas son
idénticas… Primero que nada, necesito saberlo todo, desde qué hiciste, cómo lo hiciste y el
cuerpo, obvio. ¿Qué pasó con el cuerpo?
—Yo lo sorprendí por la espalda y le clavé un cuchillo; cuando se giró lo clavé más veces,
no sé si dos, cinco, diez, yo solo lo hacía… Ya estaba muerto, pero yo seguía. Nadie me
vio… creo que nadie… Y el cuerpo, bueno, el cuerpo debe estar en el contenedor de
basura. Yo lo maté frente a ese coso y luego lo tiré ahí.
—Lo van a encontrar. ¿Leticia sospecha algo?
—No creo, solo me mandó un mensaje deseándome suerte en la reunión. Pero no fui, no fui
a la reunión. Tendría que haber ido, eso fue un error.
—Honestamente no sé qué te puede pasar a nivel legal, no sé mucho del tema. Porque si te
ponés a pensar esto es un suicidio, pero donde el ejecutor sigue vivo, pero no lo está.
—¡Me enredás más de lo que ya estoy, Marcia! No lo aguanté más. ¡Él tenía todo, todo lo
mío!
—Eso no fue así —interrumpió Marcia y se sentó junto a Christian, que ignoró el
comentario y siguió hablando sin mirarla.
—No sé si ir a ver cómo deshacerme del cuerpo, o si ir a la reunión, o si llamar a Leticia y
quedarme aquí contigo con alguna excusa.
—Primero que nada, deberías sacarte esa ropa ensangrentada y sucia, ducharte, tomar algo
que te calme los nervios, y olvidarte del cuerpo. Si lo identifican vas a aparecer vivo. Estoy
pensando en que podría ser buena idea quemarlo, o cortarle los dedos para que no tenga
huellas… No, quemarlo no es mala idea. Creo que es la mejor idea.
—Si me preguntan por la reunión, ¡no sé qué hago!
Marcia, pensativa, se levantó y caminó hacia la cocina; comenzó a hacer un té. Bostezó de
nuevo y balbuceó mirando cómo el vapor salía de la tetera:
—Quemarlo es la mejor opción, sí.
—¿Hay ropa que me sirva aquí?
—Claro, la de los primeros días se quedó acá. Honestamente no creo que vayas a ir a la
cárcel. Habría que quemarlo, es la mejor opción. Yo no me imaginé que esto podría
terminar así cuando se hizo el experimento. De todos modos, por mi parte estoy orgullosa
del resultado, lástima este desenlace. ¿Quieres un té? Tengo solo de Matcha, bueno para los
nervios.
—No, no quiero té.
Marcia se sirvió y fue hacia él. Dio un sorbo a su taza y se quejó de que estaba demasiado
caliente, sopló y observó a Christian en silencio unos segundos.
—¿Qué te llevó a matarlo?
—Él tenía la mejor parte de mi vida. Yo recuerdo que vine a vos porque estaba necesitando
descansar, pero ya es demasiado el descanso. Mi meta era el ascenso en la empresa, él lo
obtuvo; mi sueño era el viaje con Leticia a Londres, ¡ella fue con él! ¿Y Leticia? Yo la
amo, estamos juntos desde la secundaria, es mi vida, pero ahora solo estaba con él. Salían
juntos, comían juntos, ¡no duermo con ella, y mucho menos he tenido intimidad con ella,
desde que pasó esto!
—No estoy entendiendo.
—¿Qué no entiendes? ¡Él tiene todo lo que quiero!, bueno tenía todo lo que yo quiero: mi
trabajo, mi viaje soñado, la mujer que amo, ¡hasta mi hija prefería estar con él! Yo me la
pasaba en el galpón, encerrado, viéndolo. Y él, muy de vez en cuando, porque en realidad
no quería, venía a decirme si iba para acá o allá, pero al final era su peón, su esclavo.
¡Hasta mi hija, Marcia, hasta Emma lo quería más que a mí!
—No, no, no estoy entendiendo, Christian, espera un momento… —Tomó otro sorbo de su
taza y la dejó sobre la mesa ratona. Intentó seguir hablando, pero Christian la interrumpió.
—¡Hasta mi perro!, ¡sí, Jacinto, mi perro, se la pasaba con él! Mi mamá trajo paella la
semana pasada, y yo ni la vi. No solo no probé la paella, ¡no vi a mamá! La escuché, quería
ir a abrazarla, pero estaba con él. ¡Todo era para él! ¡Desde que hiciste ese clon que te pedí
no tengo vida, todo lo hace él! Yo sé que te pedí vacaciones, que yo quería descansar
mientras él era padre, esposo, empleado, hijo, cumplía con todo. Pero pasé de estar de
vacaciones a vegetar, ¡no lo soporto más!
—A ver, ¿vos me estás diciendo que podés recordar que viniste a mí hace un año a pedirme
que hiciera la prueba de hacer un clon tuyo, como los que habíamos hecho con ratas y
pájaros, para que vos lo mandaras a cumplir con tus compromisos, así descansabas? Y
ahora no quieres descansar más. Me estás diciendo que podés recordar que eso fue hace un
año, en agosto ¿o no? —preguntó frunciendo el ceño y mirándolo fijamente.
—Claro, Marcia, el veintidós de agosto específicamente. En dos semanas va a ser un año de
eso. No demoraste ni un mes en presentármelo, yo hasta bromeaba porque pensaba que iba
a ser un bebé y no me iba a servir, pero te apareciste con el tipo de mi edad solo con…
—Solo con una muestra de una verruga que me dijiste…
—¡Es una porquería benigna, ya me la vieron! —exclamaron ambos al unísono.
Marcia respiró hondo, tomó la taza entre sus manos y la miró unos segundos, apretó los
ojos y negó con la cabeza. Se bebió todo el contenido de la taza de un tirón y la dejó
nuevamente sobre la mesa.
—Dime una cosa: ¿dónde estaba la verruga, Christian?
—Aquí —dijo levantando la camisa y enseñando la parte baja de la espalda.
—Sí, ahí mismo. ¿Y qué ves ahí?
—¡Qué voy a ver, nada! ¡No sé!
Marcia corrió a su escritorio y revolvió torpemente sus cajones hasta que encontró un
pequeño espejo redondo y lo ubicó detrás de Christian.
—¿Podés ver el reflejo?
—Sí, pero no entiendo por qué me lo estás mostrando —respondió él, viendo hacia la
imagen que le proyectaba el espejo de Marcia.
—Christian, ese no eras vos. No hay cicatriz, no te saqué ninguna verruga. Yo sé esto desde
que te vi, pero pensé que vos lo sabías. Hasta que comenzaste a quejarte; creí que era obvio,
pero… Christian, no vos. Christian, el original, está en la volqueta que seguramente vamos
a quemar. ¿De verdad no lo sabés, no? No sé cómo es que podés recordar todo eso, pero
justamente lo más importante lo borraste. Christian, vos… vos sos el clon.
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