Recuerdo que en una de esas vacaciones escolares visite a mi tía Imelda. Cerca del lugar había una hacienda abandonada. Era realmente hermosa, llena de árboles y abundante vegetación. En el lugar se conservaba una antigua casa colonial. A un lado de la casa había una laguna mágica, esa que te hechizaba al verla y que te invitaba a nadar en ella.

La primera vez que fuí lo hice con mis primos, los hijos de mi tía Imelda. 

Al llegar a la laguna había un letrero que indicaba el número de personas ahogadas, no recuerdo el número; pero sé que eran muchos. A pesar de la advertencia, esa que nos alertaba del peligro, hicimos caso omiso. Todo era paz y tranquilidad. Su encanto hizo que nos olvidarnos del aviso. Ese día estaban varios muchachos nadando muy animado. Mis primos no lo dudaron y se lanzaron de lo más alto; yo como era la primera vez que iba fuí muy cauteloso y me mantuve en la orilla observando todo. Al poco rato ví que uno de los muchachos se hundió de forma brusca, como si algo lo había sumergido. No fui el único que lo vió, los que andaban con el también lo vieron. En vista que no salía mis primos se lanzaron a buscarlo; pero todo intento fué fallido; ya cansados de buscarlo salimos todos a avisarle a sus familiares. Estos corrieron a la laguna. La escena era muy triste, sus padres lloraban desconsolados y entre lágrimas comentaron que su hijo estaba graduándose de bachiller. Al poco rato llegaron los bomberos con su equipo de bucear . Pasaron todo lo que quedaba del día buscándolo; pero nada que lo encontraban. Los bomberos ya cansados desistieron en su búsqueda. Solo dijeron antes de irse que su cuerpo flotaría al tercer día. Los gritos de sus familiares al escuchar esas palabras resonaron el lugar. Mis primos me señalaron la salida. Nos fuimos todos muy tristes.

Cuando se cumplieron los tres días fuimos nuevamente a la laguna. En efecto como lo habían dicho los bomberos, el cuerpo del muchacho floto, y lo más increíble, lo hizo en la orilla donde todos estábamos parados. Su mamá se desmayo. Las autoridades forenses llegaron y sacaron el cuerpo; y antes de irse actualizaron el letrero con el número de las víctimas ahogadas. Todo aquello me llenó de tristeza y me pregunté: ¿Que era aquello que había sumergido al muchacho con tanta fuerza?

Estuve varios días con la imagen del muchacho, no podía dormir, todo eso me había perturbado.

A los días soñé con la laguna y en ella una mujer vestida de blanco de larga cabellera que me invitaba a nadar con ella. 

Le conté el sueño a mi tía Ismelda, dándole las características físicas de la mujer. Enseguida me dijo que en el lugar se había celebrado hace muchos años una boda y que la novia se había caído en la laguna y que su cuerpo nunca lo encontraron. Después de lo dicho por mi tía me fui para mi habitación y me acosté en la cama, al quedarme dormido comienzo a soñar nuevamente con esa mujer; pero está vez ví como se ahogaba. En el sueño traté de ayudarla; pero en el intento me hundí con ella. Me desperté sobresaltado callendo al suelo. Más nunca fuí a esa laguna. Comprendí que en dicha laguna vive el espectro de esa mujer que en su agonía quedó atrapada en esa dimensión, que cuando ve una oportunidad se sujeta fuerte al que está nadando; pero ella en su desesperación se sumerge, provocándole la muerte.

Fin.

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