Bienaventurada la que intercede por los olvidados… Porque Dios la hace puente entre el dolor y la sanidad.
Bienaventurada la que pide respeto sin levantar el látigo. Porque Dios defiende su casa con justicia, no con sangre.
Bienaventurada la que entrega su espada a Dios. Porque Él pelea por ella y guarda su corazón sin sangre derramada.
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