Vino al mundo y vivió toda su vida en Nueva York, una ciudad cuya área metropolitana era transitada por más de doce millones de almas. Nació en uno de los peores momentos de la historia de su país, un 24 de octubre, pocos días después llegaría el desmoronamiento definitivo de la Bolsa de Valores de Wall Street
Su familia de origen puertorriqueño había emigrado a Norteamérica a principios de siglo. Aunque habían inmigrado ilegalmente, la ley Jones-Shafroth los convirtió en ciudadanos de pleno derecho, lo que modifico sustancialmente su situación. Cuando él llegó ya habían trascendido la casta pobre y se hallaban cómodamente ubicados en la clase baja media.
Desde niño tuvo gran inquietud por conocer como estaba constituido el mundo y sus cambios. A lo largo de su infancia y adolescencia inquirió sobre las nociones de energía, tiempo y espacio, informándose también en filosofía natural, se gradúo con buen promedio en la Universidad Estatal de Nueva York a los veintidós años, su diploma lo promulgaba como licenciado en Física.
Con sus intereses intactos por profundizar el mundo encontró trabajo en uno de los primeros laboratorios de investigación y desarrollo de la nación, los laboratorios Bell. Le dieron un puesto de ayudante en los trabajos sobre electricidad a los que se encontraban abocados. El se sentía en su salsa.
No tardó en destacarse; por lo que unos pocos años después lo encontramos como director de proyecto en una investigación sobre materiales conductores con la finalidad de hallar uno nuevo que conservase la estabilidad a muy altas intensidades de corriente.
Pero su alma bullía por algo más teórico, no por propósitos comerciales, sino que quería intentar algo inédito, descubrir la identidad del universo, la huella dactilar de Dios. Y el financiamiento le fue negado.
Haciendo uso de su situación privilegiada encontró un lugar olvidado. Y comenzó a desviar fondos hacia su propia investigación, armando un laboratorio secreto dentro de los laboratorios Bell, asumiendo una doble identidad.
Compraba caros y voluminosos aparatos a válvulas asentándolos en la contabilidad bajo conceptos enmarañados y los hacia transportar delante de la vista de todos con apariencia de total normalidad. Luego, mientras profundizaba más en sus investigaciones comenzó a diseñar él sus propias herramientas.
Durante las horas de trabajo dirigía el proyecto sobre materiales, y entrada la tarde exploraba la esencia del universo. Llegado el fin de semana hacia las compras y se recluía en su anodina casa de los suburbios a descansar de las intensas jornadas con el objeto de relajarse, en estos momentos su principal actividad era dejar que todo fluyera en su interior, durmiendo.
A pesar que en su adolescencia había recibido invitaciones del sexo opuesto y propuestas de amistad de sus allegados siempre fue solitario. A medida que avanzaban los años su personalidad ermitaña les parecía cada vez más huraña a los demás, pero eso no importaba en su trabajo, ya que solo valoraban su desempeño. Desde la época en que entró en la universidad se había dedicado a un único propósito, desentrañar el Gran Misterio.
Se dio cuenta de que el cerebro humano no capta la realidad material en la que vive; como el pez no capta el agua del océano en el que esta inmerso, únicamente los cambios que se producen, tales como las corrientes submarinas y las diferencias de presiones. Por lo que consiguió estupefacientes para alterar sus estados cerebrales y aparatos para graficarlos.
Pretendía en estos trances otra manera de aproximarse a la verdad absoluta y estudiarlos ya que así su pensamiento científico tomaba otro cauce. En sus avances encontró partículas subatómicas inexplicables con las que armó una teoría ininteligible para una mente normal. Alcanzó otro significado para el materialismo histórico. Descubrió relaciones intrincadas entre la materia elemental y la historia humana. Pudo predecir eventos que cambiarían el mundo; pero a un alto costo, el contacto con la realidad suprema le produjo esquizofrenia.
Sus resultados hacia la empresa que le daba abrigo comenzaron a menguar, y su comportamiento paso de huraño y algo excéntrico a ser raro y completamente aleatorio. Sus compañeros comenzaron a investigarlo descubriendo su doble identidad. Cuando quiso explicar lo que hacia lo metieron a la fuerza en un manicomio.
Su psiquiatra en el hospital después de algunas conversaciones lo dictamino como un caso irrecuperable, tenía el alojamiento asegurado. Hasta que observó que las predicciones que hacia en base a lo poco que se enteraba del mundo exterior se cumplían. Los mismos iban desde los resultados de la liga del superbowl, hasta cambios sociales y políticos tanto domésticos como del extranjero.
El psiquiatra lo relacionó con allegados suyos que tenían conexiones en las altas esferas. Pronto el hospital psiquiátrico fue el recuerdo de un mal trago, se convirtió en un gurú para la clase dirigente, y lo consultaban antes de tomar medidas importantes.
Un día se puso insistente en que pronto habría un punto de inflexión en la historia de su país, de ese punto, independientemente de su resultado, habría cambios fundamentales en la nación y el mundo. Luego de unos días falleció en un oscuro accidente de transito. Pocas semanas después ocurrió el intento de magnicidio. El presidente Ronald Reagan y otros fueron víctimas de una balacera a la salida del Hotel Hilton en Washington por John Hinckley Jr.
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