En este proceso de recuperación me he dado cuenta de que hay días muy buenos y otros profundamente malos; días en los que los recuerdos regresan como ráfagas y me hacen sentir que ninguno de los sacrificios que he hecho vale realmente la pena, sobre todo por cómo ha quedado mi autoestima y mi seguridad.
No encuentro la tranquilidad ni la certeza que anhelo dentro de esta relación; solo rastros de un amor que alguna vez pareció bueno, pero que quizá nunca lo fue del todo.
Sé que estás intentando cambiar, y sé que estás trabajando en ello, pero mi mente no logra quedarse en paz. Vive entre el miedo de que todo esto no desaparezca nunca, o peor aún, de que mis dudas tengan razón y en el fondo tú nunca hayas cambiado realmente.
A veces veo cómo los demás parecen vivir amores tranquilos, amores seguros, y no puedo evitar preguntarme por qué para mí ha sido tan difícil sentir eso. Yo solo quisiera que lo nuestro fuera de verdad lo que aparenta ser, y no una esperanza a la que sigo aferrándome por costumbre, por amor o por miedo a soltar.
Y aun así, sigo aquí. Esperando un cambio. Pero, sobre todo, esperando un cambio en mí: uno que me permita volver a asentarme, sentirme en calma y dejar de vivir con esta incertidumbre instalada en el pecho.
Porque todavía me persigue una duda que no sé cómo callar: si estoy perdiendo años, vida y partes de mí misma buscando algo que tal vez nunca vaya a encontrar aquí.
Querida Reth, que es lo que estás esperando?
OPINIONES Y COMENTARIOS