Esta noche, abuelo, tu cabellera plateada me ha visitado. Ha pasado un año desde que decidiste marcharte y, sinceramente, tu ausencia sigue doliendo igual o más que aquel primer día. Con más perspectiva y el tiempo habiendo calmado el torbellino de emociones, sensaciones y llantos que aconteció aquel 7 de julio de 2025, miro hacia atrás y, de verdad, no logro recordar cuál ha sido el día en el que no te haya recordado. Dicen que el primer año es el más duro, el periodo en el que tienes que adaptarte a vivir fechas del calendario sin la persona que ya no está, a atravesar todo tipo de eventos y capítulos sin poder besar el rostro que aún añoras… Ese tiempo ha pasado y, sinceramente, no sé quién lanzaría tal afirmación o si es el corazón el que ha decidido latir hoy un poco más apesadumbrado pero no sé si voy a ser capaz de superar esa prórroga que dan al alma para comprender la muerte de un ser querido.
Esta noche, abuelo, se cumplen 365 días desde que exhalaste tu último aliento, aquel que acompañaste con algún apretón de manos, unas últimas palabras que escondían un “adiós” que nadie quería escuchar, una última mirada a las caras de una familia que perdió una parte de su burbuja de felicidad. Abuelo, este año han seguido las risas, las celebraciones, comidas y tardes en el pueblo; ha habido, también, aquello que quienes amamos El Arenal más tememos… La tierra ardió otra vez y me alegro de que no hayas podido ver a tu amada sierra convirtiéndose en el mismo infierno, dibujando en el horizonte trazos de dolor, fuego, ceniza y llantos. Tu partida pareció venir acompañada de episodios de una maldad que arrasó el bosque, arrebatándonos a todos un pedazo de nuestra infancia y nuestra vida. Sé que no puedes escucharme pero esta es la única manera en la que siento que, de algún modo, sigo en contacto contigo, hablando sentados en las sillas al fresco mientras vemos pasar el tiempo.
Esta noche ha dolido un poco más el despertar. El sudor y el nudo en la garganta han regresado, atenazando al cuerpo y reavivando una ansiedad que, si bien momentánea, ha adormecido con sus punzadas de agresividad la tranquilidad de un corazón dolorido. Me ha pasado muchas veces, abuelo. Sí, sigo soñando contigo. Una vez te despediste de mí, me abrazaste y te pedí que no te fueras, que ese abrazo tenía que ser eterno. Me respondiste, abuelo, que tenías que irte… Abriste las cortinas del bar y te sumiste en un manto blanco en el que ya no pude volver a verte. Pensé que, tras aquel capítulo que me desveló envuelto en lágrimas, mi mente había asumido lo ocurrido… Pero no, has regresado muchas veces a verme y ya no duele. ¿Por qué? Porque son los momentos en los que pasado y presente se detienen, creando un halo de calma y paz ajeno a lo que acontece en el mundo en el cual puedo volver a verte, contarte que todo va bien y que tus nietas y nietos te echamos de menos todos los días. ¿Y tú? Tú también me cuentas… Por eso no duele, porque aunque no lo sepa, seguro que sonrío mientras sueño contigo, abuelo.
Escribir estos párrafos, sin embargo, está siendo muy duro. Ya se ha derramado alguna lágrima porque, claro, recordar es jodido. Esta noche, abuelo, esta noche del 7 de julio de 2026, cuando se cumple un año desde que nos dejaste, el mundo sonríe menos. Las imágenes de hace un año, cuando fui a verte mientras estabas tumbado, con los ojos cerrados y descansando en los brazos de la eternidad, siguen grabadas a fuego en mi piel, ocupando cada milímetro de mi sangre, esa que lleva tu apellido y que llevaré conmigo hasta el día en el que nos volvamos a ver. Acuérdate, abuelo, que te lo prometí. Hace 365 días te dije que hallaría el modo de volver a verte y, aunque sea en sueños, estoy logrando cumplir con mi promesa. Esta noche, abuelo, los sentimientos están a flor de piel y tu familia, un poco más triste. Sería de locos no estarlo, ¿no? Pero no pasa nada porque te fuiste sabiéndolo de sobra: que te amaremos siempre, hasta que nos volvamos a cruzar, a reunir y a mirar a un futuro en el que nuestras almas se darán la mano de nuevo. Esta noche, abuelo, he sido feliz sabiendo que he podido disfrutarte. Te quiero mucho…
OPINIONES Y COMENTARIOS