AÚN DUELE LO QUE AMÉ

AÚN DUELE LO QUE AMÉ

Camil E.P

07/07/2026

Si para encontrar tranquilidad en su propia conciencia

necesita verme como la culpable de esta historia,

como la villana,

como aquella que no agradece

y que olvidó todo lo que recibió,

entonces hágalo.

Yo ya no quiero luchar

contra la imagen de mí

que usted decidió construir.

Porque yo conozco mi verdad.

Sé cuánto amé,

sé cuánto intenté permanecer,

sé cuántas veces elegí comprender,

y también sé cuánto me dolió tener que aceptar

que algunas cosas ya no eran como antes.

Lo que un día llamé hogar

hoy solo vive en mi memoria.

Las voces que llenaban mis días,

los abrazos que me daban seguridad,

la sensación de pertenecer a un lugar,

todo eso quedó convertido

en recuerdos que abrazo con tristeza.

Quizá usted nunca llegue a entender

lo que significa perder aquello que sostenía tu mundo.

Quizá nunca conozca ese vacío que queda

cuando las personas que eran tu refugio ya no están.

Porque hay dolores que no se explican,

solo se aprenden a cargar.

No necesito que me recuerde la realidad,

porque esa realidad la enfrento en silencio cada día que pasa.

Nunca dejé de querer estar con usted.

Nunca dejé de buscar su cariño,

su comprensión,

ese lugar donde alguna vez sentí que pertenecía.

Pero con el tiempo tuve que aceptar

que mi corazón seguía esperando algo

que ya no nacía del suyo.

Pero no la odio.

Nunca podría hacerlo.

Porque el odio no es lo que queda cuando alguien ha amado de verdad.

Lo que queda es una herida,

una tristeza profunda,

el dolor de extrañar lo que fue

y aceptar lo que ya no volverá.

Porque perder personas duele,

pero duele aún más perderlas

cuando todavía las necesitabas,

cuando todavía buscabas en ellas

un lugar seguro donde quedarte.

Mi abuela ha sido mi refugio.

La persona que ha sostenido mi mano

cuando sentía que todo se derrumbaba.

Y aun ese amor me llena de miedo,

porque sé que incluso lo más hermoso de esta vida

algún día tendrá que enfrentar el paso del tiempo.

Por eso le pido que no me recuerde mis pérdidas.

No me señale mis ausencias.

No me repita mis heridas,

porque yo ya camino con ellas.

Déjeme sonreír sin culpa.

Déjeme encontrar momentos de calma.

Déjeme sanar sin tener que abrir nuevamente

las heridas que con tanto esfuerzo intento cerrar.

Porque olvidar por momentos no significa dejar de amar.

A veces, soltar un poco el dolor

es la única manera que encuentra un corazón cansado

para seguir latiendo.

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