Existe algo en aquel instante en que la vi y el mundo pareció quedar rendido a sus pies. Era extraño encontrar a alguien que, de algún modo, ya conocía. Aun así, la intriga permanecía: quedarme dormido mientras ella seguía despierta, acompañándome en esa estela de ideas nacidas únicamente de la imaginación.
Por eso guardé aquella fotografía, dejándola siempre al alcance de mi mirada. Pero no vuelvo a ella por su imagen; vuelvo por su aura, por esa luz que parecía encenderse cada vez que pestañeaba.
La gente suele pasar por alto que los ojos son una puerta: una dimensión de regreso a lo eterno, a aquello que permanece incluso cuando todo desaparece. Porque llegará el día en que ya no veas mi fotografía, pero si alguna vez miraste con el alma, sabrás que hay presencias que nunca dejan de existir.
OPINIONES Y COMENTARIOS