Me enamoré de ella sin querer.
Sin plan.
Sin buscarla.
Ella estaba allí antes de mí.
Yo solo llegué.
La veía respirar.
Un día con brillo.
Otro cubierta de silencio.
Otro sosteniendo más de lo que yo jamás podría cargar.
Nunca me pidió nada,
pero yo sentía que le debía todo.
Me quedaba observándola.
Como quien mira algo que reconoce,
aunque no sepa por qué.
Su aroma cambiaba.
Su piel cambiaba.
Su voz era viento, hojas, agua, polvo.
Ella era vida antes de que existiera esa palabra.
Yo la amé sin saber cómo decirlo.
La amé desde antes de aprender el amor.
La amé en el primer aliento,
en el primer llanto,
en el primer paso.
La amo ahora.
Sin idioma.
Sin ceremonia.
Sin gesto.
Solo la amo.
Y la amaré
hasta que ella diga:
“Ven.
Descansa.
Ya viviste.
Vuelve conmigo.”
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