Pero yo no…

Pero yo no…

Ema UB

05/07/2026

Después de todo no hay nada que hacer y cuando no hay nada que hacer, simplemente se deja pasar para volver a empezar. 

Dejó las rosas en el florero, retiró la cortina de la ventana, se quitó los tacones, se sacó los lentes y se dio un leve masaje en la sienes, un masaje que se da aquella persona que intenta consolarse a sí misma, pero también que busca estimular los nervios a un solo resultado; el olvido.

Rosas, hermosas, divinas, frescas, perfumadas y el fiel reflejo de la juventud, el candor, el amor y la vida misma en todo su esplendor, eso siempre que estén en el rosal. Las rosas que se regalan, esas que ya están arrancadas, despojadas de toda vida, retenidas para entretenimiento del espectador tan solo por horas o minutos, estas rosas representan la muerte. Son la viva expresión de la decadencia, del cadáver que es la carne andante a la que llamamos cuerpo, siempre sostenidas a un leve estímulo artificial.

Tú eres mi breve estímulo artificial. Tu extraña belleza y engaño me cautivan por minutos o en ocasiones por horas, por días o por semanas. Sin embargo, cada vez que te vas, el estímulo se convierte en un ramo de rosas muertas, podridas. Horrenda imagen que adorna mi corazón.

Y beso el cadáver con la misma pasión con la que te muerdo el corazón cuando te dejas amar. Y los días se hacen largos. El lecho de amantes deja de ser blanco y puro para convertirse en escarlata, repleto de sangre de este extraño ritual en el que me abro las venas para probar si todavía hay vida corriendo por esta alma y en el que tú regresas para verme sangrar, disculparte e iniciar una vez más. 

He perdido la cuenta de cuántas veces fueron, pero he decir que ese estado de ansiedad, ese que he usado varias veces, se encuentra totalmente desgastado, casi agotado, así como cuando las rosas palidecen al alba con el último rayo de sol que se escabulle por esta ventana y tras un par de segundos terminan de marchitarse. Cuando eso ocurra con mi corazón, al regresar, tus besos ya no me revivirán y ya no sentirás el dulzor de mis labios, tan solo el frío y la amargura. 

Guardó silencio. Clavó la mirada a través de la ventana, suspiró, dio vuelta y me miró con desdén. Caminó lentamente en mi dirección. Acarició mi rostro con sus manos siempre frías, sonrió, descansó su cabeza en mi hombro y finalmente me dio una leve mordida en el hombro. Yo guardé silencio junto con ella. Después de algunos minutos le dije: no hay engaño, solo ansiedad, depresión y dolor. Una enfermedad que me carcome por dentro y me hace verte como la brisa, a veces apacible y otras convertida en tormenta. Estoy loco, muy loco por ti, porque de entre los hombres que aman la belleza, felicidad y salud de una mujer, yo de ti amo tu tristeza, tu decadencia, tu dolor, como las rosas que se mueren en tu florero. Y regreso cuando agonizas para inspirarte una vez más a este larga vida.

Me disculpas, pero no entiendo. Él y ella eran pareja o eran enemigos, porque para entender, debes darme ese contexto. 

Él y ella eran pareja, una extraña pareja.

¿Qué pasó con él y con ella?

Ella desapareció hace un par de años. No hay un solo rastro, ni viva, ni muerta. No hay un solo indicio de que todavía exista, quizá pereció como las rosas de su florero y estando tranquila en los brazos de la muerte olvidó a su amor.

¿y qué pasó con él?

Yo no he muerto… yo la busco con desesperación, solo para volver a causarle el mismo dolor.

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