Pues a mí, ni curvas ni rectas.
El respeto es una línea firme
exige honestidad, templanza
y fidelidad a las reglas del juego.
Pero también es una curva maleable,
que se adapta y abraza la diferencia ajena.
Hay senderos rectos
que cruzan la llanura y la urbe,
puentes rectos que unen dos puntos cardinales:
dos amores, dos amigos, dos carnales
y hay senderos sinuosos
con curvas ciegas
que atropellan.
Las voluntades rectas
avanzan directas
hacia un propósito,
frente a movimientos curvos
que sisean,
alargando el viaje
en un vaivén
sin fin y sin prisa
dejando corazones desgarrados
Una palabra dura hiere
como una arista recta;
es como el agua oxigenada
arde al principio
mientras la infección es esquivada.
Y hay palabras curvas, amables,
que envuelven críticas implacables.
Hay un amor maduro,
cuerdo, sincero y directo
que se yergue, recto,
como un pilar inquebrantable,
Y hay un amor maleable, curvo,
que sortea los abismos,
que crece, apasiona y desborda.
Y es que ni curvo ni recto,
un amor en su justa sinfonía
que sea verdad en el día a día
y no una idealizada idolatria.
Míralo en el océano:
el mar, sus olas y su brisa
son una danza de curvas vivas;
sin embargo, allá donde la vista alcanza,
el horizonte se dibuja como un trazo severo,
y no me dirás
que no es fulgente
un velero en un mar turquesa
justo ahí,
Donde el horizonte se vuelve recto.
Me fascina la risa curva,
esa que contagia el rostro
e ilumina la mirada.
Pero profeso también devoción
por la risa recta:
la que se contiene por respeto,
la que calla
para validar el sentir completo.
Ni curvas ni rectas;
a mí las personas me gustan eclécticas.
La luna y el sol muy curvos…
Nadie me niegue
belleza de esa línea perfecta
que corta el confín
cuando nacen o se esconden.
¿Cuántas veces buscaste ese lugar ideal
para admirar el milagro
Del alba u ocaso?
La honestidad es un vector implacable,
pero te ruego:
dime tu verdad
con la suavidad de un rodeo.
La metralla es un proyectil recto
y el gatillo que la libera es una curva;
por favor, no dispares
la pólvora de tu juicio.
Los girasoles coronan el cielo
con su corola redonda,
pero es en su tallo erguido
de donde emerge el color curvo dorado,
Elevándose hacia la luz.
Para encender mis latidos acelerados.
Curva y recta: todo justifica en su justa medida.
La guitarra es un cuerpo de curvas sagradas,
sin el recto mástil no habría melodía
que conmoviera mi pequeña alma curvada.
La rectitud de una postura firme
Que esconde un laberinto
de debates internos, miedos y dudas sinuosas,
La ecuanimidad de una aparente
mirada calmada
sostiene un torbellino
de pensamientos enredados,
Los principios más rígidos
se visten con compasión
y de la amabilidad de un gesto suave.
Y el amor propio,
esa muralla recta e infranqueable,
custodia en su interior
los sentimientos más vulnerables y frágiles.
La madurez
conduce a una conducta recta,
esa entereza
nació de las curvas sinuosas
de viejas heridas ya sanadas.
La resiliencia moldea una voluntad de hierro,
eje firme y recto que logra vencer
los golpes sinuosos del destino.
Y es que no hay un bando.
Por favor, a mí preséntame una persona
que sea amalgama de lo curvo y lo recto.
Una pregunta concluye
con un signo interrogante
que se curva sobre la firmeza de su propio punto.
¿Y es qué cuestionarse
no debería ser una responsabilidad… pregunto?
La línea recta del horizonte
no es más que el espejo
de la inmensa curvatura del mundo.
Mira las auroras boreales:
cortinas rectas de luz, ondulando
en un baile mágico sobre el lienzo nocturno.
Mira las hileras del arrozal
líneas paralelas
que persiguen las curvas
de las montañas verdes.
Mira el faro en el acantilado
una torre erguida que desafía
y alumbra a ese mar desbocado,
olas que golpean con pura osadía.
Mira a dos personas:
erguidas, frente a frente,
sosteniéndose en un abrazo
mientras se envuelven
En la línea de sus brazos
entrelazados,
trazando una curva infinita de amor.
Es el misterio de la poesía
plasmar el pensamiento
con trazos rectos de tinta
y letras curvas llenas de música.
Es el arco del violín
un movimiento rectilíneo
que hace vibra las cuerdas
para despertar un llanto curvo.
¡Ni lo uno ni lo otro! ¡Ambos en su perfecto equilibrio!
Es deslizar los dedos firmes
sobre la suavidad
del rostro curvo del amado.
Rabia que acuchilla
como un haz afilado;
O rabia curva primordial
que enciende una fuerza indomable
cuando el límite quiebra y la amenaza acecha.
Es la pose de unos labios contenidos
que buscan proteger,
besando con ternura
una frente recta.
Son dos personas que dejan caer
sus brazos rectos paralelos,
mientras los dedos se buscan
Y se enlazan en una curva perfecta
Reacios a soltarse.
Y es, al final del día,
el refugio de un pecho firme y recto
donde reclinas la mejilla curva
para encontrar sosiego.
Ni curvo que ni recto,
a mi lo que me gusta
son las personas caleidoscópicas
Un alma soñadora
Estos versos nacieron como una necesidad de dialogar y responder al maravilloso poema «Las personas curvas» de Jesús Lizano. Mientras él huía de lo recto como de la peste, yo sentí que no podemos separar lo uno de lo otro. En nuestra naturaleza conviven la firmeza de la línea y la música de la curva; al final del día, somos ambas cosas cruzándose constantemente. Somos seres caleidoscópicos.
Imagen realizada con IA
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