Y de repente me doy cuenta que tengo todo el día aguantando la respiración.

En el recuerdo, en la memoria, en la espera, en la angustia.

Imaginando qué estarán sintiendo allá.

¿Cómo se estará viviendo la despedida?

¿Cómo se sentirá la energía colectiva en esa casa llena de gente que te ama y está ahí para despedirse de ti?

Que bello ha de ser llegar a los últimos días de tu vida rodeado de amor.

De cuidados de los tuyos.

En tu casa.

En tu paz.

Y yo por mi parte buscando qué seguir haciendo.

Volteo hacia los ventanales de mi casa y lo único que observo es verde.

Gigantes moviéndose de lado a lado regalándome la reconfortante sensación de vida.

Que ironía.

Cuando al mismo tiempo y al otro lado del país; una vida se está apagando.

Son casi las nueve de la noche y siento mi cuerpo agotado.

Respiro, sí.

Pero en algún lugar de mí, sigo esperando el momento de poder soltar el aire de verdad..

Etiquetas: duelo

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