La mirada que sentí

No me considero alguien extrovertido, realmente tengo muy pocos amigos. Pero una vez conocí a alguien que me hizo dar cuenta de tantas cosas que a esa edad jamás entendería; éramos tan diferentes, pero me entendía tan bien. Después de ella no volví a confiar tanto en una persona. A veces era misteriosa, casi siempre tenía un aura a pena fría. Su mirada; mayormente cristalizada al punto de parecer un diamante muy brillante o, cuando en pocas oportunidades pude apreciar el café oscuro que tenía de color mientras que en ella misma me reflejaba yo.

Después de ese periodo compartido, no supe de ella más. Hasta que hace unos días me enteré que en este mundo no estaba ya. Con todo mi cariño le dedico este poema, aunque ni expresarme bien ni escribir yo sepa.

Aquella niña que alguna vez en mi vida aprecié tanto, esa chica que sonreía al momento de llorar, que me consolaba y me ayudaba cuando triste solía estar. En mi soledad me acompañaba, para mí siempre estaba, y aunque se enojara y me regañara conmigo siempre bromeaba.

Le gustaba la escuela, le fascinaba leer, y me expresaba su querer cuando decía que estar conmigo prefería. Cuando estaba mal lo escondía, y siendo el soporte de los demás seguía. Añoro mucho su risa hoy en día, pues reír también me hacía.

A pesar de no haber podido ser amigos, nunca voy a olvidar, todos los momentos que vivimos en la escuela a esa edad. Tu forma de ser, tu cabello con frizz y tu fría mirada que siempre algo me hacía sentir.

Ela Ela, mi querida Micaela. Aquí termina mi escrito para ti; te extrañaré mucho hijita, no te olvides de mí.

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