No tuve tu calma; solo conocía el dolor.
Pensé que era demasiado, y tuve que dejar el orgullo a un lado.
Comprendí que, si te retenía, el peso de la incertidumbre terminaría regalándonos más derrotas que victorias. Entonces elegí amarte de la única forma que quedaba: dejándote partir.
Anoche volví al instante en que llegaste. Eras una pequeña obra de arte, un pedazo de vida corriendo entre mis días. Hoy solo queda una sombra aferrada a tu cuerpo, y esa sombra ya no eres tú.
Por eso, con todo el amor que cabe en una despedida, te libero.
Me quedaré con tu mirada, con tus carreras sin destino, con los juegos, los ladridos y la alegría que hacías florecer en cada rincón. No fuiste solo una compañera;
fuiste un capítulo de mi vida escrito con lealtad.
Hoy preparo tu vuelo. No hacia el olvido, sino hacia ese lugar donde el dolor se vuelve silencio y el silencio, luz.
Gracias por elegir caminar a mi lado. Hay amores que duran una vida, y otros que, siendo una vida, duran para siempre.
Ve con calma. Yo aprenderé a vivir con tu ausencia, mientras tú descansas convertida en la armonía que, desde hoy, habita para siempre en mi alma.
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