Así como José fue carpintero,

Tu eres un humilde obrero,

Que cada día sale a trabajar,

Sin descansar.

Tu esfuerzo es constante, 

Sin descanso y contraparte, 

Eres técnico enfermero,

Sirviendo al mundo entero.

Me enseñaste con tu ejemplo, 

Cosa que ya no hacen ni en los templos, 

A servir a mi prójimo, 

Y a trabajar con mis manos, 

Por un sustento diario.

Si un día muero, 

Tenlo por seguro, 

Que me enseñaste a hacer el bien, 

Sin mirar a quien. 

Jesucristo carpintero,

Salvador y Mesías,

Guarda nuestras almas,

hasta tu segunda venida.

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