Unas viven ocupadas en gobernar su propia existencia; otras consumen sus días intentando dirigir la vida ajena. Estas últimas jamás comprenderán la libertad de las primeras, porque quien necesita controlar a los demás suele ser incapaz de conducirse a sí mismo.
No podrán jugar con mi futuro. Bastante han hecho ya con mi pasado. Me arrebataron fragmentos de mi historia, borraron huellas, confundieron recuerdos. Pero el porvenir sigue siendo un territorio que les pertenece únicamente a mis decisiones. Lo vivido puede ser alterado en los relatos de otros; lo que aún no ha ocurrido sigue siendo mío. Y allí, donde todavía no han llegado sus manos, comienza mi verdadera libertad.
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