Las líneas que entrecruzan nuestros caminos deben seguir su curso; me tomó un tiempo aceptarlo, no hay más descontentos solo fragmentos de lo que fuimos que formarán parte de un nuevo destino.

Seguimos siendo la mitad de uno, solo un cuerpo andando, con la garganta irritada de tanto gritar, esperanzados por vernos con estas dos ventanas y con las manos abiertas dispuestos a arrancar el sufrimiento.

¿Cuál es la señal del destino?

Cuando será el momento para tomarnos y fundirnos en un deseo que nos una.

Contigo basta un mensaje para cambiarlo todo.

Mi realidad, cómo empiezo a componerla, no me siento tan fuerte, mi cuerpo está cansado, mis pensamientos ya no tienen salida, donde tirar mi cuerpo y crecer en otro, le debo dar a voz a otros, o intentarlo una vez más.

Madurar, soltar, avanzar, pasos sencillos ¿no crees?

Se mudan las pestañas a la cuenca de la mejilla, al suelo, la libreta usada en un lustro, al aire soplado; porque se pudren de haber llorado; empapadas algunas sanan, otras caen ante la victoria de haberse liberado.

Estoy perdida, hace falta sembrar una semilla, he sido tanto para otros que ya me olvidé ser algo para mí. Aunque por ratos me reconozco y disfruto; en la mayoría del tiempo no encuentro cimientos. Es un revólver en mi cabeza, todo mi interior gira y gira, estoy tan mareada, agotada.

Siento que debe alejarme de otros que contaminan mi espíritu, estoy a punto de caer.

¡Sálvame en tu arco!

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS