Los políticos que tienen remedio para casi todo, igual me lo aclaraban mejor. Hacer demagogia dicen, no sé si todos los de mi edad lo llevarán igual, pero yo tengo que reconocer que lo llevo mal.
Si bien es cierto que con los años he ganado confianza al automóvil, que me atrevo a circular por cualquier sitio, o afrontar situaciones de la vida cotidiana que antes no era capaz, ni de siquiera pensar, hay cosas que todavía se me escapan. Dicen que a los amigos se les elige, a los familiares no. Está claro que yo puedo elegir un amigo. Pero ¿cómo puedo saber si ese amigo me ha elegido a mí? A estas edades resulta ridículo, broncas pseudo adolescentes entre personas que tenemos ya una edad. Más bien mucha edad. Quizá eso sea buena señal, pero a la larga te causa desazón y al final acabas sintiéndote traicionado por quien creías tu amigo. Aunque no lo quieras ver, y el resto de amigos te lo dijeran, incluso algunos de ellos rompieron la relaciones con esa tercera persona. Pero no. Tú en tu cabezonería obsesiva no lo querías ver, y es que al final, y en todas partes son las mayorías las que siempre mandan. En la ley de la propiedad horizontal se hace lo que piensa la mayoría de una comunidad de vecinos. En la ley electoral sale el que mayor número de votos tiene. Y es que claro, cuando más gente, menos peligro a equivocarse. Aun así a veces cuesta verlo. Solo cuando la tercera persona (en discordia) ya se muestra abiertamente. Aceptas que te equivocaste, y es ahí donde hay que hacer gala de templanza, seguir como si nada hubiera pasado, seguir con la relación pero un poco en la lejanía. Entonces te das cuenta de lo que son las mayorías y las minorías, pues el que realmente arrastra el problema se queda en minoría, a diferencia del extenso grupo de los demás. Claro que este siempre encuentra la horma de su zapato, y acaba juntándose con alguien como él, pero que al final todos sabemos que polos de igual signo se repelen, y por más “campechanos” que parezcan acaban quedándose solos. Solos hasta que consiguen embaucar a alguien más. Cosa esta última que no les cuesta demasiado, porque toda su vida ha sido un ir y venir continuo. Quizá alguien vea en esta tertulia un rollo, pero hay un refrán que dice: A buen entendedor, con pocas palabras basta. Y es que al final la amistad, como el amor, está un pasito muy corto del odio, y todo depende en qué dirección lo des… ¿A que sí?
DE TRAICIONES
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ensayo filosofico
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