Discurso para las «Noches del ave de Hermes»

Discurso para las «Noches del ave de Hermes»

Alberto Pacheco

20/06/2026

Yo: El ave de Hermes somos…
Grupo: Plumas en las alas de un Paracosmos

Yo: Y a Gaia pertenecemos
Todos: Preciosos y Silvestres, como todo debía haber sido.

Alumno: Escuchemos el Discurso del Gran Maestro

Yo:
¡Oh ustedes, mancebos del arcano estudio, hijos de la curiosidad y del vigilante desvelo, que las lámparas nocturnas preferís al sopor de la vulgar ignorancia! Escuchen la voz de quien, por experiencia de las horas por encima de la dignidad de la persona, los exhorta a no trocar el precioso metal de estos días suyos por la herrumbre de una existencia mezquina y sin memoria.

Ustedes ascendidos en la escalinata sabia de nuestra humilde orden de estudiantes de los conocimientos atemorizantes, ¡fecundos en saberes y prodigios sean! Todos tan jovenes, lozanos, con el libro de la vida en pocas paginas empezado… les invito, esta noche en que son Aves de Hermes…

Pues ¿qué cosa es el hombre, sino una centella fugitiva entre dos silencios? ¿Qué la juventud, sino flor de mayo que el primer cierzo marchita? Y si tan breve se les fue concedido el hospedaje en este teatro del orbe, ¿con qué razón, díganme, habrían de consumirlo en tristeza voluntaria, o en abstinencias no debidas, o en el miedo servil a los juicios de los necios?

No, discípulos de los Padres del Conocimiento; no. Antes bien, como abejas discretas, liben las mieles que sin daño ni violencia les brinda el jardín de la creación. Que Baco, el viejo, el por muchos de ustedes venerado, coronado de pámpanos y risueñas vendimias, los contemple benigno en la mesa compartida, en el vino poco moderado y en el canto fraternal. Y que Kamadeva, arquero florido de la Bharat remota, sonría al amor libre de cadenas inicuas, ceñido siempre por el consentimiento, por la ternura y por el respeto debido al otro, espejo asimismo de la dignidad que muestren.

Invoco a Rati, la de las dulzuras y la de los perfumes del abrazo, para que los hallare honestos en sus deleites, y Tu’er Shen, feudal de los afectos sinceros, reclamo su Conejo espíritu a esta asamblea de iluminados por los Padres de la Sabiduría para los juzgue dignos de la amistad y del amor sin imposturas, tengan por venturosa su suerte y por rica esta jornada suya.

Mas guárdense, Aves de Hermes y de la lámpara de Ọrunmila, de reducir el placer a los lechos o a las viandas. No sea su filosofía la del cerdo, prefiero sentarme entre caminantes. Gusten también el júbilo de los senderos ignorados, del monte cuya cima aún no hollaron las plantas de sus pies, de la ciudad extraña, del idioma desconocido, de la música nunca oída, del libro jamás abierto.

Quisiera citar a mi dios favorito de los hindues, ¡Salve Ganesha! Om Gam Ganapataye Namaha, sharanam Ganesha:

-Subid, si os llama, a la nevada frente de las montañas; navegad, si os seduce, las aguas incógnitas; abrazad las artes, las ciencias, las lenguas y las innumerables maravillas con que el universo, pródigo tesorero, se complace en adornarse-

Porque no sólo carnes, copas y festines dan placer al humano, sino también el asombro, el descubrimiento y la pasión que inflama el espíritu. -Humilde le agradezco, venerable Maestro Cabeza de Elefante-.

Y ustedes, que frecuentan las ciencias verdaderas, provenientes tanto de las bellas sombra, no sean por ello amigos de la oscuridad del ánimo, el conocimiento se conoce como «oscuro» porque viene de de la profundidad, que pocos son dignos de admirar. Sea su estudio semejante al del sabio que desciende a las cavernas y mora entre sombras, para extraer de ellas las gemas que la tierra esconde. En el nombre de nuestra Prodigiosa Orden – les honro -, aprendan de todo, admiren todo y desprecien pocas cosas; aun en los márgenes del mundo suelen crecer las flores más extrañas y los frutos más singulares.

No aguarden, pues, a que Saturno, devorador de edades, les robe la lozanía y los convierta en viejos ricos de arrepentimientos y pobres de memorias. Hagan ahora lo que ama su corazón; abracen a quien los ame; contemplen los cielos; ríanse con los amigos; besen con ternura y erotismo; estudien con fervor; viajen sin miedo; sean magnánimos en el gozo y pródigos en la curiosidad.

Y cuando, por disposición de los hados, les llamare la última noche, puedan decir, con sonrisa serena, como peregrinos satisfechos las palabras de mi venerable padre/maestro Winston:

«Vivimos; y porque vivimos, conocimos. Porque conocimos, amamos.»

Y yo quiero añadir: «Porque amamos y gozamos el balance de la injuria sin vileza, no fue vana nuestra peregrinación bajo las estrellas».

Yo: Como aves del Hermes vuelan…
Grupo: Más allá de Reinos soñados…

Yo: Y Gaia estará contenta
Todos: Preciosos y Silvestres, como hemos restaurado.

Yo: He dicho.


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