
Una de las principales vistas de la Bahía Guanabara es el famoso Pão de Açúcar. Está en el medio, de camino entre Niterói y Río de Janeiro. Es una piedra grande y misteriosa. El nombre se lo pusieron los colonizadores portugueses por el gran cultivo de caña de azúcar que había en Brasil (el cual tuvo mano de obra esclava de la población negra).
Pero las comunidades indígenas lo llaman elefante porque tiene la forma de su cabeza. Y otras comunidades cuentan que en la Bahía comenzó el mundo porque esa piedra fue lo que quedó de la separación entre Brasil y África. Las comunidades la veneran, la pintan, la danzan. Mientras que nuestros ojos occidentales solo ven una piedra en el medio llamada con un nombre que ni siquiera nos pertenece. Como algo alejado e inerte, pero a la vez no. Porque es innegable la atracción que con el paso del tiempo va teniendo esa piedra, tanto para los y las niterolenses como cariocas. Es más fuerte que el mismo Cristo. O mejor dicho, el Cristo al lado de ella queda minúsculo.
Estudios científicos de la geología alemana han comprobado los grandes beneficios de los minerales de la piedra, como también su antigüedad histórica. Lo que condice con el relato de las comunidades. Es el origen de un choque de placas que movieron el mundo, y dieron a nacer nuevos mundos. Separaciones que a veces son ciertas, y otras pura ilusión.
En este paisaje hoy estoy.
OPINIONES Y COMENTARIOS