Y sí, quizá no es como creemos, lo que inventamos y fingimos para no caer al piso y juntar el alma desde el suelo, la derrota de la risa, el latido agitado, la copa vacía al cielo, beber y no brindar, sostener el peso de la resaca. Allí, en la esquina de un bar olvidado, en el caos del torrente bombeante, en el valor de cada suspiro, las pausas, la respiración, el eco de lo callado, lo intrínseco de dudar, la pasión, el miedo, el dolor, la esperanza que sobrevive gritando lo que realmente somos.
Hugo Amaro
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