Ludwig Agonías de Amor

Con hambres atrasadas decide comer y beber hasta saciarse. Después de comer huye de su casa odiándola, con el presentimiento de poder ver al cisne de Antonieta. Sale en su búsqueda, tras su adorada bella doncella. Tratando de ocultar su impaciencia, concurre al teatro Municipal sin poder encontrarla. Y ahí va a muchos lugares, que después de recorrerlos, cuando caminaba por la calle principal al vitrinear se distrae y encuentra a un amigo de la infancia, Fernando. Lo saluda y le manifiesta extrañeza de largo tiempo sin verlo – Él le dice que estaba bien, que venía a pasear, tras unas invitaciones que le habían hecho, y le pregunta Ludwig en qué trabajaba – A lo que él le contesta que administraba la hacienda de sus padres. Y en ratos libres a las artes – Fernando le dice sin sorprenderse que seguía igual. Continuaban su conversación, hasta que de repente ve a Antonieta en una galería, cruza y se pone a su lado. Luego la mira por el vidrio, ella se da vuelta y lo mira – Le dice tanto tiempo sin verlo, desde hace dos semanas en aquel Parque.

Él le dice, justo acertó, y la memoria no la ha engañado, soy Ludwig Garroch, y quiero convidarla a algún lugar, donde Ud. quiera. Ella acepta y van a un restaurant por ahí. Este era muy antiguo, se escuchaba a lo lejos una música de mandolina muy triste.

Antonieta…: ¡Qué bien me siento !, No le sucede a veces que dan ganas de disfrutar de momentos como éstos más a menudo.

Ludwig…: Por supuesto, pero ahora le ruego me cuente su debut en San Lorenzo.

Antonieta…: Lógico, pero así como me siento ahora me dan ganas sólo de este frescor, como aquella cortina que es movida por esa brisa, así quiero sentirme.

Ludwig…: La verdad es que yo me siento igual, así que dejo a su elección el motivo de la conversación.

Antonieta…: Antes quiero que sepa que me acordé mucho de Ud. Es que fue tan sorpresivo aquel día en ése lugar.

Ludwig…: Sí el Prehistórico.

Antonieta…: ¿ Cómo, por qué lo llamas así…?

Ludwig…: Bueno yo me acerqué a Ud., civilizadamente al lado de la fuente termal, como si fuera algo de atracción fuerte. Además pude oler su encanto femenino, que a mi parecer me hacía sentir así, ya que estábamos en la inmensidad de ese bosque el cual tiene reminiscencias de los comienzos del mundo, tan bullentes y agrestes como el parque aquel que ardía en azufroso calor. No puedo hacer otra cosa que introducirme en éste escondido pedazo de campo.

Antonieta…: En realidad parece así muy antiguo y salvaje. En todo caso es hermosísimo lo encuentro, aunque sólo ese día lo pude disfrutar. Antes sólo veía de afuera, no entraba, la verdad es que me atemorizaba.

Ludwig…: Ahora que hablamos, me agrada más escucharla.

Antonieta…: También pienso así, es decir me siento muy cómoda, ¡Ah otra cosa!, ya es tiempo que me trates de Antonieta y nada más.

Ludwig…: Como desees, para mí será más reconfortante poder confiar más en tí y en la amistad que me has brindado.

Antonieta…: Es un acontecimiento, así que brindemos por esto.

Bebieron todo el vino que en sucesivas veces le encaminó por el lujo del buen sentimiento, el buen diálogo y franco. Aquel vino fue un elixir, fue el portador mágico del amor. Al terminar el brindis, se levantaron. Él canceló lo debido y salieron.

Al caminar por la calle hablaron con entusiasmo. Le dice que si prefiere que la lleve a su casa o si desea irse sola. Ella le dice que estaba bien que la acompañara. Así mamá no se preocupará de verla llegar sola a esta hora. Ludwig le dice lo dichoso que estaba y que quería verla de nuevo. Ella le contesta que sí, que no hay que preocuparse tanto y que no quería ser displicente, pero había que ser más optimista – Claro, ella no sabía que él perdía su equilibrio, que escasamente podría imaginar.

Quedaron de juntarse al otro día, y Ludwig le dio su dirección…: Caballos de Mar 966 oriente. Llegaron a la casa de Antonieta y fijaron hora para las siete p. m.-

De vuelta al preferido de sus connotados lugares de agrado, su casa, es esta noche más hospitalaria que nunca, incluso una nueva especie de flor nacía en su terruño visitándolo. Al mirar el cielo que estaba estrellado con sus esotéricos entes, con sus fulgurantes rasgos, imagina estar en la Ionósfera y observar de lo alto hacia abajo la Tierra querida aún con el calofrío del hielo del espacio en su espalda.

Así piensa cómo va a extrañar la imaginación perdida lejos de su alcance. Pero antes de dormir recuerda a sus amigos cercanos que le hacían tener presente cariño y preocupación.

Apenas pudo acercar su mano al rostro y persignarse. Ya venían a declarar el sueño omnipotente que lo aceptaría sin reñir, sólo obedecería a algo ineludible.

Las Voces Durmientes

“ Duermes como aquel que ha dormido, que no ha estado insomne, nosotras cubriremos tu conciencia avergonzada y daremos el vivir de los asuntos inmortales. Hoy más que nunca hemos reivindicado tu alma al lugar de la consagración, donde estampado está en el recuerdo la desprendida energía Deísta. Así pura y concentrada se te otorgará la Fe, que si tú la quieres llamar de Dios, así estará en primera categoría y nosotras sólo recluidas para atenderte…Como es comprobado el sabio puede pensar y actuar como tonto, pero las voces durmientes son del orgullo espiritual e intelectual, por eso omitirá los pensamientos vagos. El día de nosotras, a fines de febrero, ha despertado con prisa lo mucho que se puede hacer dejando inactivo el ocio (Se retiran)

Ludwig desea comer algo y entra Sara diciéndole ¿ Cómo qué…? – Ludwig le dice tú… ¡ Qué sorpresa…!

Sara…: Te he esperado todos estos días, ¿Por qué no me has ido a ver…?, parece que te has vuelto a enamorar.

Ludwig..: Mira, iba el otro día pero no sé qué pasó, de todos modos iba a ir.

Sara…: ¡ Ingrato, por qué no te levantas…!, te invito a almorzar, hoy preparé pescado especialmente para ti, ¿ Qué te parece…?

Ludwig…: ¡ Muy bien Sarita!, me daré un baño y nos vamos.

Sara…: Veo que has arreglado tu reducto, ya parece más casa.

Ludwig…: Ya era tiempo, ¿No lo crees ?, bueno, al agua.

Se lanzó a la poza, se bañó y se secó al Sol. Bebieron jugo de naranja, de sus árboles y fueron a casa de Sara. En el camino conversaron sobre Debra, respecto a si le había escrito y él le dijo que no, que ella no volvería a la Ciudad Ecologista. El le dice que el destino lo seguía tratando como presa de leones hambrientos, pero que estaba contento de su alejamiento del romanticismo. Incondicionalmente se ofrecen ayudas abrazando las posturas de cada uno.

Sara…: ¡ Mi pobre Ludwig es de humanos errar, y puesto que vivimos rodeados de ellos, seguiremos sufriendo la injusticia.

Ludwig…: Ya no quiero sentir mis piernas tan pesadas, y aunque el olvido sea rebelde conmigo cogeré cualquier elemento y haré del un mensaje para todos. Que no vaya con rencor ni odio a algún credo religioso, sólo reaccionaré como lo que he aprendido de los humanos. Y así, si he de llorar por Debra cuando no esté, recordaré cómo la quise y no veré la vana sonrisa llena de hipocresía, sólo la apretaré en mis brazos arrogantes de expresión y desearé su bien eterno. Llegaron a casa de Sara, almorzaron y después se retiró. Más tarde fue a casa de Fernando, en la casa del mar. Se acordaba que lo dejó solo ese día cuando encontró a Antonieta, se lamentaba bastante pero lo bueno es que iba de nuevo a verlo. Durante el trayecto recordaba su época de infancia junto a su amigazo Fernando.

Sale de su Ciudad, que lo tenía atado al sentimiento, a la nostalgia, al renacer del nuevo Sol que le hacía feliz y renovar sus inquietudes. Solo caminaba por el camino blanco, y al riachuelo que en verano no se siente correr y ahora iba delgado y decidido por su estuario. Las flores que lo vitalizaban siempre, ahora lo desnudaban sin poder escapar al eclipse que lo calentaba e invadía de complacencia. El mar era el gran recurso espejo del sol, y el escenario del suelo endeble con el enigma del abismo, con el bíceps del pescador que vacía sus entrañas y da la sobrevaloración al respeto que merece, al llegar a casa de Fernando, golpea la puerta y la abre Don Andrés, el padre.

Ludwig..: Buenas noches, busco a Fernando.

Dn.Andrés…: Buenas, salió a la ciudad a arreglar el asunto de su pasaje, pero dijo que volvería como a las seis, dígame Ud. Quiere que le deje algún recado ?

Luis…: Sí, por favor, que lo espero en la orilla de la playa, hasta la puesta de sol. ¡ Ah, dígale que lleve la flauta traversa !

Dn. Andrés…: Muy bien, yo le digo. ¿Por casualidad Ud. es hijo de Gerardo Garroch…?

Ludwig le contesta afirmativamente, diciéndole que hace dos años que había muerto. Don Andrés le da sus condolencias, lamentando profundamente su persona. Se despiden y se dan la espalda como queriendo reanudar la conversación. Al alejarse de ésa casa playera, Dn. Andrés le hizo una seña, moviendo la mano, a la cual le contestó Ludwig con su brazo en alto. Muy cerca de las orillas que lo aclamaban, sentía anticiparse el verano que lo renovaría. Se tiende cúbito dorsal y le pregunta al gigante vecino…¿ Contigo nunca me he enfadado gigante de sal y espero que así siga siendo ?, soy un nómade que no está tranquilo…! Se para y corre por el vado del agua mirando su sombra, respirando con gusto y esfuerzo. Así continúan con un gran placer, el verse sano y que goza de salud. Se prepara y ejercita su corazón en larga carrera. Después de correr por dentro lo sacude la inspiración.

Testimonio del Amor a la Vida

Ludwig…: “ Hoy…, mañana y pasado, serán el hoy que me ha enseñado el caminar por la experiencia del correr de los meses unidos a los años, y no he temido a lo divino ni a lo desconocido.

Hoy he visto el más grande reflejo de luz, que vivifica, que me orienta y que me mostrará un espacio de confianza, tal vez de los que vienen aquí en verano, y sencillos se enlazan con unión. Y posiblemente el otro es aquel que no me habla, ni se expone como los del verano, sólo se presentan radiantes o multiestimulante, dando oportunidades.

Al igual que otras veces su labor inspirativa se repite con algo poético…:

“ Y dónde estás ceguera,

que la luz baña mis párpados

con profundo fulgor…

Sólo basta callar,

y con los ojos hablar…

sólo basta mirar,

para lo extraño y acuoso sentir…

y así sea el oído

quien perpetúe el sonido.

Y así sea que en lo estático,

sea imposible aceptar…

lo irónico que abre la risa

hacia la excitación…

Al encender la luz,

y ver la oscuridad miedosa

percibo el conocimiento nuevo…

Ludwig…:¿ Cuántas veces más tendré que soportar los cambios, como los que vienen en contra de mi voluntad…?

Pero sé bien lo que represento y a lo que he de acoplarme, y así aliviane mi vida y no repruebe lo que siento en la poesía, o tal vez me parezca rudimentario el sentido que veo en ella. Sobre todo lo dudoso, lo interesado, lo más envidiable que una persona tenga, que al ser multifacético no se manifieste específico, sino que vaya de frente a ocultar la verosimilitud, y sólo confíe a otros u otro la peor maldad armada de hoy…” El cansancio de los objetivos, que si siguen cerca se alejan, desconfiando en la peor crueldad… ¡ Bueno pero ya, aléjense de mí malditos y crueles. Déjenme que yo los dejaré dormir abrigados con el dulce consuelo del sueño y que por fin luche por mí. Hasta que no consiga enfadarme con los demás, sino que todo llevadero sea. No quiero pensar mucho, temo olvidar, o quizá no quiera temer a nada, sólo sé que arruinaré los intentos ya que no habrá nada por el cual animarme, ya que nací para no vivir y no construir absolutamente nada( Fin). Casi al salir del mismo pensamiento breve en contenido, pero grande en encausamiento, siente la voz de una flauta y su fiel sonido.

Fernando…: Amigo…, apenas supe que viniste me alegré mucho, sobre todo ahora que, ¿Quién sabe si volveremos a vernos ? La verdad, es que en una semana me voy de vuelta a Alemania, ya confirmé el vuelo. Pero entristecerme solo, no, quiero disfrutar de este momento de éste lugar de tanto trajinar, de tantas horas bajo el sol y buenos amigos.

Ludwig…: Es tan corta la vida, todo pasa tan rápido y continuamos añorando incansables, continuamos estrujando incansables los recuerdos. A veces, siento que no pasa luego el tiempo y quisiera envejecer luego, o sí algún accidente o enfermedad haya de venir, que venga. O a veces, me interesa la infancia, pero más me interesa el Hoy.

Fernando…: Toca la flauta hoy con algo de ayer que es tan hermoso.— Toma la flauta y toca sin detenerse como si fuera caerse al agua.

Ludwig…: Me voy Fernando, espero que nos despidamos antes que te vayas.— Fernando le dice lógico iré a tu casa a despedirme.

Ambos se van de vuelta a sus casas, y en ellos animaba algún deseo de una compañía. Era la suave compañía de la brisa del Mar. Pero en Ludwig bullía Antonieta como la fuerza espiritual atrayente de ella, que resulta extenso explicar.

Ludwig…: Me fue muy grato verte, y te deseo mucha suerte.

Fernando…: Gracias, igualmente para ti.

Se abrazan y se despiden. Cada cual se aleja, Fernando va alegre donde sus padres, mientras Ludwig no tiene a nadie, excepto a Antonieta que vería luego y esta vez en el bello paisaje de noche. Camina y camina, hasta las cruces de la noche de la gran ciudad alumbrada, indicando que cerca estaba al pasar cerca del Parque. Cuando pasaba por ahí ansió ver a Antonieta en la fuente, pero siguió y cruzó el paso bajo nivel y se aproximó a su querida casa. Al llegar al antejardín, vio a Antonieta sentada.

Ludwig…: ¡ Antonieta…!, ¿ Pero cómo puedes estar aquí afuera?, quedamos en vernos a las siete y ya sé que son las siete y treinta, disculpa el atraso.

Antonieta…: No te preocupes, me ha servido para conocer tu medio, y qué boscoso se ve.

Ludwig…: Tienes razón, a esto lo llamo la Selva Floral de mi Ciudad Ecologista.

Antonieta…: Si, ahora entiendo, esto es muy distinto a todo.

Ludwig…: Aunque ahora estoy arreglando algunas partes que quedan de la antigua casa de mis padres. Así que voy a reparar lo más esencial.

Antonieta…: Va a quedar muy lindo con este hermoso, bello y pintoresco lugar.

Ludwig…: Bueno ¿ Qué quieres hacer ? , ir a algún sitio o quedarte aquí.

Ella le responde que quiere quedarse y Ludwig le dice que como desee ella, entonces aprovecha de invitarla a una celebración del aniversario de un Instituto Cinematográfico. Ella le dice que le confirmaría en estos días, pero eso sí que lo invita a un paseo al Lago Calipso. Ludwig aceptó y luego la convidó a que fueran a asar un pescado con unas ensaladas.

Antonieta le ayudó y luego comieron el exquisito menú, se sentaron a la orilla del fuego a conversar.

Ludwig…: Un día venia de casa de Sara, y en el camino encontré un perro atropellado, lo tomé y lo traje aquí, donde supuse que estaría la cadena alimentaria. En efecto así sentí como si fuera un lugar limpio, expedito como un campo de hábitat ecológico, la actual ciudad que tengo. Como puedes ver aquí es amplio, su extensión alcanza las ciento quince mil hectáreas.

Antonieta…: Es muy grande tu ciudad Ecologista y además tiene mucha hermosura. Es un lugar ideal.

Ludwig…: ¿ Sabes si muero lo donaré a personas que deseen cultivar éste fértil espacio.

Antonieta…: Espero no mueras Ludwig tan luego, me gustaría que siempre conservaras tu propiedad.

Ludwig…¡ Qué agradable escuchar eso !

Ludwig la coge de la cabeza y la abraza largo rato. Le dice que sí se encontraba bien y ella le dice que él la hacía sentir así. El íntimamente pensaba…: “ ¿ Cuánto extraño correr por los cerros, el resbalarme por los faldeos hasta llegar a la cima y levantar mi mano hasta enfriar mis falanges al aire de la montaña. Pero aún así, mis falanges están cálidas abrazando a ella, que comparte la paz conmigo.

Cuando terminaba de pensar, empezó a mirar las pequeñas llamas del fogón y de pronto el humo en su exhalación. Ludwig siguió la fumarola que lo perdía, que lo pasmaba. Antonieta estaba dormida, así que la dejó estirada en el fuego y siguió el humo ambulante de cementerio.

Dejó atrás la poza, los naranjales, los robles y los eucaliptus, siempre siguiéndola como si fuera una mancha de aceite en el agua. Pero él no comprendía el broncíneo resplandor, pero sí le gustaba alejarse del mundo y eso lo lograba en su reducto.

Él dice…: “ Yo quiero que me hable, que me nombre ésta sombra, pero me hace seguirla por todos lados “. La fumarola se depositó sobre una gran piedra, y hasta aquí llegó, después se desintegró. Ludwig se acercó y la tocó, sintiendo que estaba tibia. Y dice que lo que estaba ahí era muy valioso y que algo saldría de ella… Después de volver por el mismo camino sentía cierto recelo en su espalda, era lo solitario y callado que estaba el bosque, ni siquiera los búhos graznaban, sólo el frío de la noche circulaba. Al llegar a la poza la bordea hacia el otro extremo, donde los patos, viendo que algunos estaban.

Cuando de pronto en el espejo del agua, surgen las aureolas de grises lluvias irrigando la laguna. El dice ¡Qué sensacional…, que lluvia más pura…!

Luego se acerca al camino de su casa, donde dormía Antonieta. Ahora volvía a la vida, a la selva, las gotas producían el formidable sonido de su caída, de la cascada más grande que existe. Al llegar al fogón apagado, vio que Antonieta se había guarecido bajo el sauce.

Antonieta…: ¿ Cómo podrías dejar que otros se adueñen de algo tan tuyo, no es cierto…?

Ludwig…: Esto es bellísimo, además, me ha sanado de muchas dolencias, en realidad lo quiero como todo lo que existe aquí.

Antonieta…: ¿ Qué quieres de mí…?

Ludwig le dice que le gustaba tal cual era, y que ella era algo parecido a lo que se extraía del lugar boscoso. Ella le dice que hermoso oír eso, y le pide que compartieran el tiempo que ellos pudieran. – Ludwig le dice que pensaba como una madre ejemplar, le dice…¿ No sabes como me gusta escuchar que así sea ?. Eh…, creo que es hora de irte a dejar. Razón tienes tengo que ir a trabajar mañana, le contesta ella.

Llaman un taxi, y Antonieta deja a Ludwig a medianoche. Al llegar a casa seguía lloviendo y el frió helaba más que nunca, Ludwig le advierte sobre la invitación del sábado. Antonieta lo recibe así, pero algo le quería decir antes, Ludwig queda en suspenso esperando…, y ella le da un beso grande, con sus mismas ganas de dárselo. Al volver a su casa, la lluvia era el gran espectáculo, era un poco de alegre sensación y de tristeza a la vez. Porque así es, pude ser temporal o llovizna, esta vez era con el cuerpo de un Cíclope con su cuello torcido.

Ludwig…:¡ Cómo la amo ! Tal como esa vez de aquel poema, después de llovido todo parecía hermosamente húmeda, muy quieta, muy decidora de armoniosa apacibilidad. ¡Sí, después de llovido todo es más hermoso…! Se baja del taxi, después de caminar por la vereda y sentir el agua en sus hombros, entra a un restaurant. En estos días de sus piernas livianas y silencio impetuoso, veía cómo atesoraba sus dones a favor. La pluviosa noche era majestuosa y cercana a una resurrección. Millones y millones de heladas gotas, y Ludwig bebía el café caliente, con miles de pensamientos todos alusivos al maravilloso elemento acuoso. Todo lo quería, es decir lo que le rodeaba le hacía querer más, aunque la manía desconfiada, no dejaba que se abriese totalmente, como aquellas noches de desvelo, de no poder conciliar la postura y el dormir. Esta noche que ennegrecía como la tinta, lo hacía pensar en aquella roca y lo que saldría de ella, tal vez toda se resolvería con un martillo o un cincel o que un relámpago la transformara. También merodeaba Antonieta, Fernando, Debra, Sara sonriente, Roberto con su harapo y Víctor con su timidez. Imaginaba a sus padres en la juventud que les dejaba el don del hoy de trasmitir lo que ellos vivieron estando vivos.

También pensaba que estaba normalizándose y que tenía muy cerca a Antonieta apoyándolo. En sus pensamientos de largo análisis, podía ver cómo el mundo le ha enseñado a vivir y respetar, y aquellas cosas con el corazón palpitante causaban el mayor rompimiento, la mayor erosión, lo que ha sido abandonado e inactivo. Así los sismos, así las guerras, así el odio fraternal y el enrutinamiento y volvamos al primitivo existir replegándonos a la humildad.

Ya sea por amor o envidia nos marca la destrucción, ya sea por la ambición de poder, el aislamiento y por lo que reste en suceder. Se toma el segundo café y sale a vagar sin saber dónde…?.

Camina y camina, pasa cerca del Aula Magna, sigue caminando hasta llegar al final del camino, en donde no hay cemento, sólo la acompañante tierra que tosía de resfrío, que asimilaba los minerales donde podía esperarle la muerte y degollarlo o simplemente andaría a largos pasos por la campiña. Al recorrer los alrededores, por rurales vías al pasar por unas casas con luz de velámenes, veía cómo habitaban sus casas viendo el humo en las chimeneas. Tras largo andar se aproxima a la escarpadura, cuando ve que alguien venía a encontrarse con él, era un pescador que venía con su artefacto de pesca a paso lento. Y así ocurrió, el hombre de mar sólo traspasó como un bólido oscuro.

Ludwig comenta lo extraño que estaba, le parecía un enigmático ser y no un pescador. Quizá sea un cuidador o un Augur.

Era increíble cómo estaba de mojado, ya era preciso ponerse bajo techo. Sin otra alternativa desciende por el desfiladero hasta llegar a la playa, que ahora parecía todo mar, toda agua, más allá del límite. Ahora éste espacio le parecía ajeno. Pero lo que pueda parecer incómodo, era una necesidad vital, que quisiera estar sólo en su casa. Ludwig más que nunca quería sentir la experiencia. Necesitaba su cuerpo descansar, y quería relajo, por siempre quería una sorpresa, y justo aparece una estrella después otra y otra, hasta despejarse y la lluvia cesar. Ludwig se asombra de haber llegado muy lejos, busca unas ramas secas y prende fuego. Pone el abrigo a secar y duerme como un ángel, antes de dormirse se pone a recordar…: ¿La piedra…?, se persignó con su mano entumecida y se abrigó con sus brazos. El viento soplaba suave, llevando y trayendo diversos aromas, hasta que las durmientes voces con sus legañas le dan las buenas noches…: “ Yo Ludwig, no hablaré muy cerca a tu oído, pero te digo que donde has llegado, es nuestro proscenio, es el alto observar de las emociones sentidas y vividas. Y hoy tú lo has hecho permitiendo el empuje de tu espíritu vago, que tira de ti llevándote donde quiera que tú espíritu desee, tú sólo acatas su opinión. Hoy estimado Ludwig, el asunto inmortal es válido, y a lo que tú has llegado es infinito…

Se va la luz durmiente, junto a las otras que la secundaban. Ludwig cerró sus ojos y se despidió de las voces durmientes, mientras su cuerpo flotaba en el aire tibio y agradecido se manifestó de sus amigas las voces. A su alrededor, el viento traía y llevaba, llevaba y traía. En la mañana tenía fiebre y parecía un verdadero cadáver escarchado. Pudo ser útil que durante la noche se haya sacado el abrigo y lo haya secado. Aún así los primeros haces de luces fueron suficientes para reanimarlo y comenzar a despertar. Ya cuando calentaba más, se levantó y fue de regreso a la ciudad, pero esta vez no lo hizo por el camino rural, sino que recorrió la costera playa, hasta las cabañas de mar. Algunas veces miró para atrás, para ver donde estuvo. En la arena vio más que sus huellas, vio un pingüino y una ballena varada, vio innumerables algas junto al blancor de las olas, vio como las gaviotas llevában pececillos en sus picos, y los lobos marinos se zambullían. Más allá unas toninas danzaban en rondas, unas a otras se alineaban como si fueran niños con almas juveniles juguetonas. Algunas con su coletear batían la espuma que se cortaría como glóbulos de espuma insípida. Esta vez el viento traía de todos lados, el cielo raso estaba poblado de nubecillas, de cirros con semejanza al airado Lebeche oblongado, y por sobre todo éste aire simulaba estar recién hecho, era respirable y estimulante.

Aquellas especies arrojadas de su propio medio no volverían de su morada, tan sólo estarían tras el último esfuerzo por revivir, pero todo había quedado así. Todo se reducía a huellas y las de la ballena estaban ensurcadas como pidiendo tener pies y liberarse del verdugo. Una y otra vez giró su cabeza para ver lo que apenó su sentimiento, pero no podía hacer nada, incluso él sabía que estuvo como ellos muriéndose…” Cuando por arriba de su rostro se pudría sin sanar de la lepra, por abajo sus piernas se adelgazaban. Es así la muerte como ataca, si no por el centro, nos destruye por otra parte…

Y su odisea continua, en el alto de la cofa, veía las cabañas veraniegas, indicándole que quedaba cerca su reducto. Su casa se acercaba a pasos agigantados, ya no quería mirar, ni comer, sólo reunir sus escasas fuerzas para dormir.

Al llegar no hizo otra cosa que irse al humus a dormir. El camino seguía consigo mismo y un gran trecho recorrido, sin duda éste camino era el que emprendía sin preguntar a nadie. Todo lo que hacía buscar más en él, es la agitación de sí mismo, nada más que perder lo que tanto lo ha herido, la sociedad, los hombres siniestros, las fábricas asclavizantes y el medio cohabitante en general. Su emigración es infatigable, va donde lo ha resabiado la incomprensión, pero esta vez va muy depurado sin beligerancia, sólo lo que ha cobrado de él, lo que como nadie puede pagar el derecho de dejar de lado todo rencor y aceptar que siempre estaremos sujetos a estar apretados como otro objeto en el medio y las personas. Quizá Ludwig sea el que a cada uno de nosotros nos vaya a enlazar con los sentimientos humanitarios. Cuántas veces seguirá buscando lo distinto, lo que dé una respuesta a la intriga de ser normal o preguntarse…¿ Si somos parte de una normalidad…?. Nuestra inquietud nos lleva muy alto, a veces nos cuesta bajar desde lo más encumbrado, claro, todo va en gradualidad porque todo sucede así ¿ Pero quién cuida los cambios provocados por nosotros mismos…?

Tarde era cuando otra de las voces durmientes le hizo remojar su cornea, aún con brisa de mar. A pesar de la lluvia de otoño, no había humedecido el suelo y la temperatura del aire simulaba ser primaveral. Por la tarde fue a pasear cerca, hasta llegar a la Abadía, aquella que vio sucumbir en su sueño, aquella amenazada por la luz mortífera. Cuando entro vio como se alojaban en sus paredes los cálidos y térmicos soles. Vio como rehacían la imagen de Cristo y vio como todo en el incienso pulcro, santificaba. Contempló como el rostro del más pecador íba a pedir clemencia, pudiendo ver que la mano venosa Cristiana perdonaba.

Aquí todo permanece igual que Nazareth o Jerusalem, porque acompaña muy apegado al corazón, no sólo al piadoso, sino al bien afectuoso. Yo sé que no me defraudará, yo sé que no puedo asegurar al creyente su Fe, que por el silencio que mora aquí va a continuar por siempre insudada lo que dice contener éste lugar sagrado. A Cristo mismo, a la superioridad que todos necesitamos tener.

Ludwig…: ¿ Todo parece tan inmóvil…, tan estático…?, pero a la vez se puede ver dinamismo, como leños peregrinos en sus romerías, o en aquel sollozo común a todos, a la necesidad de lamentar lo añorado. Cuando su pequeñez lo engrandecía haciéndolo más divinizado, pero como humano que era, nada en el mundo. El dolor ante el sufrimiento es la indecisión de nuestra Fe que irrevocablemente nos asemeja al rostro de Jesús, el cual necesitamos para representar el dolor mortal común a todos los humanos, llamados « Hijos del Señor ».

De las consecuencias de los hechos es la respuesta a los demás, quienes vagan inciertos por el sendero mundano ambicionando el predilecto y mágico sermón de la montaña. La factibilidad de ser relegado por un ser humano no es otra cosa que nimiedad, no es más que ser desorientado. Por ello todo lo que provenga de otro semejante, no es más que viento abandonado. Siempre fallece su postura a lo demás, cuando no pudo asirse a otro credo o ha quedado dependiente de una neutralidad religiosa.

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