Recuerdo estar hace más de 18 años en un cuarto solo, esteril sin nada que me estimulara más que un espejo pequeño y una guitarra vieja y rota a la que le había quitado toda la pintura, sus cuerdas desgastadas sonaban mejor que mi propio panorama, sin dinero ni futuro y con mas preguntas que respuestas, me sentía tal vez más vacío que hoy; con un poco más de juventud y un optimismo insípido que no iba más allá de esperar a que todo se acomodará, pensando que tal vez tenía dones sobresalientes pero sin ser pretencioso. Hoy dia me detengo y pienso que si eran dones de lo cuales podría sacar demasiado provecho, solo tuve ausencia de un mentor.
En aquel momento hacía frío y no importaba si sentía ese lugar como mi hogar o no, eso es algo que no ha cambiado, me doy cuenta ahora de que siempre me he sentido como un peregrino errante que mantiene su maleta lista por si el viaje debe continuar, que ama al límite sin dejar de reconocer que todo lo que comienza debe tener un final; posiblemente sea esa una maniobra para mal disfrazar conformismo con sensatez.
Jamás olvidaré que en esa época las noches eran largas y no podía evitar que me retumbaran las ideas, miedos y frustraciones unas con otras en las paredes de mi cabeza, y con todo en silencio podía escuchar mi respiración, el ladrido del perro callejero y los clics de cada segundo del reloj. Un reloj en forma de guitarra que recuerdo fue un regalo de cumpleaños de las personas mas significativas de mi vida hasta ese momento. Ahora me pregunto por qué no fui como los demás qué esperaban encontrar un trabajo y serles útil a la sociedad, aun cuando ni siquiera sabía qué significaba eso.
También recuerdo que no era más que un remolino de sensaciones tardías, no era nadie por que no tenia nada y asi seguir creciendo borracho de ingenuidad
No podía esperar a que amaneciera sintiendo paz por descansar pero a la vez intranquilo porque sabía que esa misma paz me iba a hacer fracasar más de lo que ya creía que había fracasado.
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