«Comadre necesito que me acompañe a una cita espiritual para que me realicen una limpia»
Esas palabras provenían de su compadre.
Ella para ese entonces estaba embarazada. No quería ir; pero este le dijo que ella también necesitaba de una limpia.
Al llegar al lugar se consiguieron con un gentío que iba a verse con el médico curandero. Cuando tocó su turno de entrar estaba este parado en la entrada, vestía un atuendo de color blanco, con un tabaco en su boca. En una mano tenía unas ramas y en la otra un par de maracas. Cuando la vió le dijo:
_ ¡Alto!…¡No puedes entrar!
Ese grito la paralizó.
El curandero va a su encuentro fumando el tabaco, sacudiendo las ramas y sonando las maracas.
Cuando la tiene de frente le sacude las ramas por todo su cuerpo. Era una limpia según él.
Al poco rato le dijo:
_»Ya puedes pasar, desnúdate, y te acuestas en el piso boca arriba»
Hizo tal como le había indicado. Dónde se acostó estaban marcados unos símbolos rodeados por unas velas.
El curandero le lanzo un conjuro y está se queda dormida.
Al despertar estaba su compadre y el curandero en trance. Ella no podía moverse. Su barriga se movía con mucha fuerza. Pierde el conocimiento.
Al recuperarse su hijo había nacido. Cuando lo tubo en sus brazos sintió que no era su hijo. No entendía lo que pasaba.
El niño abrió los ojos su mirada era oscura y profunda. Entendiendo ella que por medio de su hijo le había dado entrada a un espíritu impío.
Fin.
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