Operación Ekvilibri

Operación Ekvilibri

Elisa Juárez

16/06/2026

Fue necesario un aterrizaje forzoso, no de la manera como habíamos planeado, cuando menos lo pensamos ya nos encontrábamos en ese insólito planeta llamado Tierra, lo que correspondía ahora era observar; teníamos varias preguntas que resolver para comprender cómo viven los terrícolas, y por qué, desde nuestro planeta llamado Ekvilibri, se ha visto un poco extraño, necesitábamos saber las causas que han originado el que este planeta ha dejado de ser azul.

Estando ocultos en el bosque, con la capacidad de camuflajearnos ante miradas terrícolas; después de una jornada semanal intensa de observación en escuelas, casas y fábricas de productos que consume la gente y de algo escabroso que han creado para atacarse entre ellos mismos. Ya teníamos mucha información que analizar, aparte de una contención emocional difícil de describir.

—Ajense, ¿qué pudiste encontrar en lo que hemos documentado? Pregunté en la reunión del equipo.

—Mira Amantu, de acuerdo a una de las categorías, se puede establecer relación del cambio del color de la tierra con… —respondía Ajense quien llevaba el registro de los avances de acuerdo a la hipótesis inicial, cuando inesperadamente se empezó a escuchar un ruido de motores cuyo sonido retumbaba, lo que nos llevó a detener la reunión, corrimos a esconder la información y asegurarnos de que estuviéramos en “modo camuflaje”.

Desde nuestra nave espacial pudimos ver que se acercaba un grupo de hombres en naves largas, ellos le llaman tráileres, sacaron instrumentos ruidosos, y empezaron a matar a los árboles, los pájaros volaban por doquier, vimos animales corriendo, no habíamos presenciado una masacre de esa dimensión, lo más fuerte que llegamos a testimoniar en nuestro planeta fue hace doscientos años, cuando un meteorito cayó intempestivamente en una superficie boscosa que hasta ahora sigue marcada, y cada año, que equivale a tres años de la Tierra, hacemos un día de luto en memoria a los árboles caídos en ese día horroroso que no vamos a olvidar.

Tomamos imágenes que pensamos van a ser dañinas a la vista de quien las vea, tendríamos que idear cómo lo vamos a mostrar en Ekvilibri sin hacer tanto escándalo. Fue con unas armas eléctricas, como hicieron el crimen, de nombre motosierras y comenzaron a asesinar cada uno de los árboles, se veía el coraje y la fuerza con que lo hacían, ¿tanto odio puede haber? nos quedamos viendo unos a otros, y pensamos, ¿qué más tendríamos que presenciar? Rápidamente metieron los troncos a sus naves y se fueron. Nos llenamos de tristeza y no sabíamos si podíamos continuar con la operación así de destrozados, pero sabíamos que teníamos que cumplir esa importante misión. Pasaron los dos días dedicados a la sistematización de la información, nos quedamos a medias con la contrastación de la hipótesis, era necesario seguir con el estudio de campo. Todavía pudimos escuchar aunque en menor grado, el sonido de insectos por las noches, así como una melodía musical, y por otra parte, sentimos el brillo del afable satélite, los terrícolas le llaman «Luna» que para ellos significa «ser luminoso»; esto nos daba esperanza, no todo estaba acabado, algo potente tiene este planeta, empezamos a sentir un enamoramiento especial.

—¿Sienten lo mismo que yo?

—¿Te refieres a que en cuanto más tiempo estamos más queremos este planeta?— contestó Trebi, y los demás empezaron a cuchichear que les pasaba algo similar.

—Calma, ¿no han pensado que esto pueda tener relación con la fuerza de gravedad? — Shoma empezó a hablar de una nueva hipótesis.

—No saquemos nuevas líneas, ya con lo que nos planteamos tenemos por el momento. ¿No creen? démosle orden a la investigación por favor, les dije sutilmente.

Estaba también el conocer la forma de divertirse en el planeta Tierra, pensábamos que lo peor ya había pasado. De la muestra que sacamos lo que nos llamó la atención, fue la “Corrida de toros”, de ahí que, encubiertos ingresamos a la plaza de toros, había mucha gente, eso nos dio tranquilidad de que no se trataba de nada malo ni peligroso. Fuimos muy valientes al asistir.

Nuestra admiración y horror se desató en el momento en que salió corriendo un animal, al que le llaman toro, apareció un “hombre elegante” que empieza a modelar, tomó diferentes poses, traía en la mano una batuta, pensamos en iba a haber una orquesta musical, ¡pero no fue así! era otro instrumento, ¡era para clavárselo al animal! En cuanto lo hizo, perdió la elegancia y la gente empezó a gritar…pensamos que era por el horror, ¡pero no!, ¡era de gusto!, ¿qué pasa? Nos volteamos a ver estremecidos, observamos que lo hizo una y otra vez; al animal le escurría un líquido rojo llamado sangre, y daba vueltas en diferentes direcciones, pudimos apreciar el dolor que sentían estos pobres animales, salimos corriendo.

Al regreso, en el bosque donde teníamos la nave, no quisimos hablar del tema y mejor pedimos a Treba que comentara sobre una investigación que hizo referente a otras formas de entretenimiento, supimos que también escuchan música, hacen deporte, leen aventuras emocionantes. Aparte de reunirse para platicar, bailan, hay muestras de afecto y de amor. De esa información, para tranquilizarnos seleccionamos una melodía terrícola de un autor de nombre Vivaldi, llamada “las cuatro estaciones” nos calmamos poco a poco y dormimos para al otro día regresar a nuestro planeta.

Cuando regresamos a Ekvilibri, nos examinaron de manera interdisciplinaria; especialistas, consideraron necesario que recibiéramos atención psicológica, a cada uno nos dieron un tratamiento diferente, si hubiera durado un poco más con esas impresiones de la fiesta de toros, no hubiera sobrevivido, mi salud mental estaba al límite del deterioro, me pusieron una dosis de sesiones de silencio, otras de acercamiento a la música, sentí lágrimas semejantes a las de los terrícolas. Me acercaron por doquier libros de diferentes temáticas para que eligiera cuál me podría hacer sentir bien. Entregué cajitas de regalo con preguntas para resolver, las había de todos colores, había acertijos, y adivinanzas divertidas, dilemas, unas interrogantes más complicadas, otras no tanto, algunas tomadas del planeta tierra, donde, para resolverlas se tendría que contar con respeto y curiosidad. Se originó enseguida una fiesta grandiosa, cuando resolvían un reto me sentía feliz y me rehabilitaba, lloré todo lo que pude, abracé, besé, cada vez que convivía con alguien producía más y más amor, llevaba mi proceso de recuperación, y las vivencias que había tenido en mi viaje a la Tierra empezaban a fortalecerme, recordé las cosas bonitas de mi viaje, la naturaleza, su satélite, la gente auténtica haciendo preguntas en busca de amor.

En mi planeta, también hay bosques con plantas y animales, me empecé a reanimar, de repente vi pájaros que se acercaban, me entró un mal recuerdo, me acerqué a los árboles y los abracé, les hablé con lágrimas en los ojos, me acerqué a unos torkys, son animales de Ekvilibri parecidos a los ciervos del planeta Tierra, tienen ojos grandes y una mirada enternecedora, les dije “aquí van a estar bien, van a estar bien”.

La visita a la Tierra sería solo un recuerdo que me había enseñado mucho a valorar la vida, centré mis esperanzas en que los terrícolas puedan encontrar su camino en un tiempo no muy lejano.

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