Gracias a ti por regalarme una sonrisa cuando incluso cargas con tus propias batallas; por acompañarme sin siquiera saber el caos que habita en mí, por regalarme momentos de alegría cuando incluso tú no sabes como hallarte cuando te sientes perdido.
A ti, que me abriste tu mundo y me dejaste entrar, que compartiste cada parte de ti sin reservas. A ti, con quien creé momentos para sanar aquello que pesa en el alma y que, por medio de la unión, las risas, algunas lagrimas y los abrazos sinceros, me enseñaste que los corazones pueden sanar para volver a sonreír.
Quizá no siempre comprendamos el impacto que tenemos en la vida de los demás, pero hay personas que llegan para iluminar caminos oscuros, para recordarnos que no estamos solos y para enseñarnos que la bondad sigue existiendo incluso en los días mas difíciles.
A todos aquellos que han estado presentes en mi vida, de una u otra forma gracias. Gracias por las huellas que dejan, por las enseñanzas que compartieron y por los recuerdos que hoy día recuerdo con cariño.
Porque al final, son las personas quienes convierten los días comunes en momentos inolvidables, quienes nos ayudan a reconstruirnos cuando estamos rotos y quienes nos recuerdan que siempre existe una razón para seguir adelante.
Y si alguna vez dudan de su valor, recuerda lo siguiente: tal vez para ti fue un gesto pequeño, una conversación cualquiera o un abrazo mas, pero para la otra persona pudo haber significado fuerza, esperanza o la razón para sonreír una vez mas en medio del caos.
P’A
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