Hoy me volví a acordar de él

Hoy me volví a acordar de él

Lhuna

14/06/2026

El Escritor de Negro

La historia empezó en las aulas de la escuela nocturna, entre el cansancio del día y el refugio que encontraba en las clases de Lengua y de Inglés. Mis profesoras, que también eran escritoras, habían visto en mí un fuego particular; yo amaba escribir. Tenía dieciséis o diecisiete años.

Por esos días, se armó una feria del libro en un local cultural justo enfrente de la escuela. Como parte de la movida, uno de los escritores de la exposición fue a dar una charla a nuestro curso. Lo recuerdo patente: se sentó arriba de una mesa, en el medio de la clase, completamente vestido de negro. Jeans negros, campera de jean negra, pulóver negro y zapatos negros. Llevaba anteojos y a mí, al verlo, me hizo acordar a mi hermana, que en ese momento le llevaba unos diez años —ella tendría unos veintisiete y él, calculo, andaría por ahí—.

El tipo habló de lo que significaba ser escritor y a mí me impactó por completo; hasta ese día, jamás me había planteado la escritura de esa manera. Cuando terminó la clase, me quedé. No lo pensé, simplemente me quedé ahí. Charlamos, intercambiamos correos y me pidió que le mandara lo que escribía porque le interesaba leerlo. Yo me fui emocionadísima, tocando el cielo con las manos; para mí, él era una figura artística gigante.

Pasó el tiempo. Los correos iban y venían mientras yo terminaba el último año de la secundaria. A los diecinueve años armé las valijas y me mudé a Mendoza para estudiar Diseño Gráfico. Para cuando me instalé allá, la correspondencia ya había tomado otra confianza, transformándose en algo con un toque más romántico, aunque él seguía siendo una persona sumamente importante para mí.

Ya con veinte años, sumergida en la rutina frenética de la universidad y totalmente atareada, recibí un correo suyo: viajaba a Chile y, a la vuelta, iba a pasar por Mendoza. Me preguntó si quería que nos viéramos y le dije que sí.

Llegó directamente a mi casa. Yo era muy chica, muy ingenua, y con toda la naturalidad del mundo le ofrecí quedarse. Esa noche cenamos pizza con cerveza. Todo fue de un respeto y una ternura divinos. Le armé un colchón en el piso de mi pieza y yo me acosté en mi cama. Apagamos la luz, seguimos charlando en la penumbra y, en un momento, él se subió. Pasó lo que tenía que pasar. Fue un encuentro increíble, natural, lleno de risas y de un cariño enorme.

La mañana siguiente fue el escenario romántico perfecto. Al levantarnos, me escribió un poema en la pared, un texto dedicado exclusivamente a mí … Cocinamos, compartimos el día como si fuéramos dos amantes hermosos y eternos.

Después de ese día, no lo volví a ver nunca más.

Las Botellas al Mar

Seguimos escribiéndonos durante un tiempo, meses, hasta que un día puso un freno definitivo. Me dijo que no iba a poder darme lo que yo supuestamente necesitaba; que él estaba allá, que yo estaba en Mendoza, que yo era muy chica. Volvió con el tema de que era estéril y que yo en algún momento querría tener hijos; por más que le aseguré que no me importaba, su decisión estaba tomada. Me bloqueó y me eliminó de todos lados, dejándome completamente en el aire.

Sufrí muchísimo. Durante años cargué con una melancolía bohemia y triste, buscándolo de manera intermitente en internet, en blogs y en círculos de escritores underground. Muchas veces pensé en aparecer de golpe en su casa porque tengo anotada la dirección de cuando nos mandábamos cartas. Me quedé aferrada a las bandas de música que me hizo escuchar y que amé para siempre, con la certeza de que éramos almas afines, mi otra mitad, a pesar de la diferencia de edad.

Cada tanto, a lo largo de todos estos años, le seguí mandando correos electrónicos a su vieja cuenta con la ilusión de que alguno le llegara. Mensajes que dicen, en el fondo, que todavía sigo acá esperándolo. Hoy tengo una vida que encajaría perfectamente con la forma de vivir que él tenía en ese entonces, algo que a mis veinte años no podía ver del todo, pero que deseaba con el alma.

Hoy me volví a acordar de él, volví a buscar su rastro en las redes y el silencio sigue siendo el mismo. 

– Nirvana – You know you´re right

Etiquetas: underground

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