Blaze! Capítulo 126

Capítulo 126 – Entre la muerte y la vida.

¡Aguanta, por favor, aguanta!
–exclamó con desesperación Starmancer, viendo como la superficie
de la ahora semiesférica y acuática Claire comenzaba a develar
pequeños manchones violáceos flotando sobre ella, entendiendo el
mago que las Ondinas estaban siendo
asesinadas por los
impactos de las pedradas y que estaban siendo de inmediato
controladas por el necromante.

Claire
estaba aguantando lo más que podía, pero cada vez estaba recibiendo
más golpes, haciendo que las Ondinas caídas en combate empezaran a
atacar a las que aún seguían con vida, intentando hacerles perder
estabilidad para destruir la barrera que protegía a Camellie,
replegándose Claire para formar una capa que luchara con
tra
las Ondinas muertas y otra que efectivamente protegiera a la amada de
Starmancer. Las pedradas solo iban en aumento, debido a que los
muertos vivientes no dejaban de llegar al lugar del combate, mientras
el angustiado mago albino intentaba atacar directamente al falso y
escurridizo Chained God.

Por
otra parte, Blaze y Hänä seguían avanzando entre las tropas
enemigas, buscando a Knohsees para continuar con
el
interrogatorio
previo
a la batalla
,
añadiéndole
la
presión
de sus
preguntas a tener que sobrevivir a la sangrienta lucha
.

¿Dónde
está este tipo? –preguntó Blaze a su amiga, ambas desviviendo a
los monstruos marinos que se les cruzaban,
mirando en todas direcciones en búsqueda del hombre.

Esto
es inútil –respondió Hänä, deteniendo su avanzar, viendo las
montañas de cuerpos desmembrados lo suficiente como para no ser
útiles para el falso Chained God—. Creo que no fue buen momento
para ponernos a buscarlo…

Sí,
puede ser… –respondió Blaze, volviendo unos pasos atrás a la
posición de su amiga, observando el mismo panorama que ella, luego
dirigiendo su mirada a los titánicos contrincantes, que seguían
batallando con todas sus fuerzas.

Los
maestros del rey Baal empezaron a batir sus brazos, formando círculos
que giraban en direcciones opuestas, comenzando a concentrarse
espesas y oscuras nubes en el cielo,
las
que
tronaron
y destella
ron
después de
acumularse
por
unos
segundos. Los entes marinos no se quedaron atrás, abriéndose nuevas
bocas brillantes en la superficie de
su
crujiente armadura, alumbrando a los magos amalgamados como si fueran
múltiples faros
apuntando a un barco navegando sobre el embravecido océano.

Los
gigantes guerreros se quedaron inmóviles, como un par de
espadachines buscando una apertura para atacar, aprovechando el
tiempo de suspenso para energizar sus ataques, oscureciéndose aún
más el cielo con densas y tupidas nubes, mientras que los magos del
reino se sentían cada vez más deslumbrados por las centelleantes
bocas que los iluminaban directamente, no aguantando la presión
impuesta por la
intimidante luz
y
desatando una tormenta sobre la mezcolanza de animales marinos. A
pesar de
haber
atacado
primero, los magos fueron golpeados antes por el ataque de sus
enemigos, recibiendo un fulminante
e
instantáneo
ataque
de luz, que de haber sido seres de carne los habría calcinado con
sólo tocarlos, sublimándose todos los cuerpos desmembrados
presentes en el piso, dejando una humareda delante de la maraña de
seres acuáticos, enviando a volar a los magos de Baal, cayendo lejos
del lugar donde recibieron el castigo, pasando por encima del
castillo. Los monstruos del océano no alcanzaron a percatarse de
esto, ya que menos de un segundo después de
haber
lanzado
su
ataque recibieron una miríada de rayos cayendo desde el cielo, lo
que los sacudió con violentas convulsiones hasta hacerlos caer
totalmente incapacitados y humeantes al piso, noqueándose
ambos
enemigos

simultáneamente.

Blaze
y todos los presentes en el campo de batalla
fueron
cegados por unos segundo
s
por el deslumbrante final de la batalla de los gigantes, deteniéndose
todas las
grescas por unos momentos, desesperándose todos al no saber que
harían sus correspondientes enemigos.

¡Estúpidos!
–gritó Blaze, refregándose los ojos hasta poder recuperar la
visión—. ¡Ese tipo de ataques se avisa antes de lanzarlos, son
peligrosos para todos! ¿Estás bien?


–respondió Hänä luego de recuperar la vista, con los ojos
enrojecidos y llorosos—. Que imbéciles más grandes… Aunque
avisar de un ataque así quita el factor sorpresa.

Lo
sé, solo reclamo porque puedo –respondió Blaze, aún ajustando su
vista, pestañeando rápidamente para humedecer sus resecos ojos.

Por
su parte,
Starmancer
estaba teniendo problemas para enfrentar al falso Chained God, ya que
decapitar solamente a sus enemigos no los detenía para nada,
haciéndolos más molestos y torpes, entrometiéndose en su camino
para poder atacar directamente al controlador de las desvividas
marionetas, debiendo cortarlos lo más que podía para dejarlos
inservibles, todo esto mientras mantenía su atención en el color
que Claire estaba tomando debido a los cientos de pedradas que estaba
recibiendo.

Por
favor, resiste, no dejes a Cami sin protección, te lo ruego –pensó
Starmancer al mirar a
Claire, concentrándose
nuevamente en el falso dios, persiguiéndolo sin
descanso por toda la
enorme habitación en la que se encontraban rodeados de muertos
vivientes y cuerpos
desmembrados, sintiendo
como su cabeza estaba a punto de explotar por el odio, gritándole
con desesperación—. ¡Enfréntame como un hombre, deja de huir,
cobarde!

¿Por
qué lo haría si ya están a punto de caer en mis manos? –respondió
el demonio con una sonrisa burlona, saltando sobre sus propios
títeres para impulsarse lejos del mago de la guadaña, notando el
cansancio de este y la pelea que Claire enfrentaba
por su lado—. Es cosa de poco tiempo más…

¡Ya
basta! –gritó el mago con lágrimas en sus ojos, sintiendo la
impotencia de saber que las palabras que salían de la boca de su
amigo eran verdad, mirando de reojo a su amada, encontrándola
sentada en el piso, al fin consciente—. ¡Cami…!

La
hechicera tenía una expresión de enojo mezclada con decepción,
levantándose
lentamente
del piso,
sacudiéndose el polvo de la ropa mientras se tocaba la herida en la
cabeza, quedando con su mano manchada con su propia sangre.

¡Qué
te has creído, hijo de la sifilítica puta de tu madre! –exclamó
con odio Camellie ante la atónita mirada de Starmancer y el falso
Chained God, quienes se
detuvieron un segundo por el feroz grito—.
¡Escuché toda las sandeces que llevas diciendo este último rato!

¿Y
acaso eso cambia el resultado final de todo esto? –preguntó
retóricamente el necromante, con los ojos destellando desde la
oscuridad en la que se escondía, debiendo moverse de ese lugar ante
el continuo avance
de Starmancer.

¡Eso
sería así si solo decidiera quedarme de brazos cruzados! –respondió
Camellie, adoptando la postura de un arquero dispuesto a lanzar un
ataque, aunque no cargaba ningún arma.

¿Y…
debería temblar ante qué? –preguntó el falso Chained God,
esperando una flecha de luz o algo parecido entre las manos de la
adivinadora, mirando
hacia todos los lados, notando
que metros sobre ella había una especie de cuchara gigante
transparente, carcajeando ante el utensilio de
apariencia astral—.
¿Qué es esa mierda?

Starmancer
entendió de inmediato
lo
que Camellie iba a hacer
,
cambiando
rápidamente
su estrategia,
convirtiendo su guadaña en cientos de pequeñas estrellas
explosivas, lanzándoselas al necromante, quién con
sagaces
movimientos evitó todos los ataques sin recibir ningún daño,
aunque con esto el mago estelar logró su oculto cometido,
posicionando en un lugar fijo a su enemigo, viendo como su amada
disparaba la cuchara con todas sus fuerzas, acelerándose y
conv
irtiéndose
con la velocidad
del
tiro
en un
pincho de dos puntas que atravesó el cuerpo del falso Chained God,
arrancando al demonio del interior del cuerpo de Ed, estampándolo en
una de las paredes del recinto, perdiendo parte
del
control sobre los muertos, los que dejaron de atacar por unos
instantes.

¿Qué
es esto? –se preguntó el demonio con el pecho perforado
dos veces por la
herramienta de Camellie, mientras parte de su existencia aún estaba
conectada al cuerpo de Ed, quien
yacía inmóvil en el suelo, viendo como Starmancer se abalanzaba
sobre él, dejando caer con toda su fuerza restante el filo de su
guadaña, cercenándolo de arriba hacia abajo, desapareciéndolo de
la existencia.

No
solo Astar tiene trucos nuevos… –murmuró Camellie, cayendo
extenuada al piso al mismo tiempo que todos los muertos que dejaron
de estar controlados por el ahora inexistente y falso Chained God.

¡Cami!
¡Ed! –exclamó Starmancer, mirando hacia los dos lados, corriendo
y trastabillando
hacia donde estaba su amada, viendo como el color violeta desaparecía
de las Ondinas muertas en la superficie de Claire.

Claire
dejó de cubrir
a Camellie y
volvió
a utilizar su piel, aunque ahora que eran menos Ondinas que antes, ya
no podían mantener tanta agua junta, por lo que la muchacha se veía
un poco más pequeña de lo normal y con la piel suelta como si
utilizara ropajes que le quedaran grande
s,
notándose un poco el agua
que
rellenaba la capa de piel
en
la zona de
bajo
de
los
oj
os,
lo que inquietó un poco a Starmancer, aunque no tuvo mucho tiempo
para detenerse en esas nimiedades, ya que Camellie comenzó a
quejarse de dolor, empezando con trabajo de parto debido a haber
utilizado toda su energía mágica, habiéndose exigido en extremo
con su único ataque.

Ve
a ver a Ed, por favor –indicó Starmancer a Claire con voz amable,
agradecido de corazón
con las valientes Ondinas, sosteniendo
a Camellie, sentado a su lado en el piso—. ¿Cómo estás, amor?

Exhausta,
pero parece que no aguantaron mi
esfuerzo y ya
vienen… ¡Aaaaaahhhh!
¡Uffff….! –exclamó con dolor Camellie, sintiendo fuertes
contracciones en su útero.

¿Cómo
es eso de que vienen?
–preguntó Starmancer, con el rostro lívido y el cuerpo flácido y
sudoroso.

Astar,
soy la madre, sé lo que digo –respondió Camellie, agarrando uno
de los brazos de su fatigado hombre, casi destrozándolo por la
fuerza que estaba haciendo para aguantar el dolor del incipiente
parto.

Por
su parte, la Ondina mensajera volvía de hablar nuevamente con
Claire, reportándole a su reina todo lo sucedido en el interior del
castillo.

Están
bien allá dentro, aunque Claire casi no la cuenta –dijo Hänä
apenada por la pérdida de las incontables vidas de sus amadas
Ondinas, no cediendo a sus sentimientos en medio de una batalla,
apretándosele de igual forma el corazón por sus muertes.

Entiendo
–respondió Blaze, notando el dolor de su amiga, aunque agradecida
de que no fuera una “pérdida total”.

El
cuerpo inerte de los magos del rey Baal comenzó a perder su
gigantesco tamaño, quedando del porte de un humano normal, tirado
entre los escombros que su propia caída causó, lo que fue notado
por las hechiceras que defendían el exterior del castillo. A pesar
de ser la mayoría en el campo de batalla, los enemigos acuáticos
comenzaron a retraerse, huyendo del lugar como si supieran que algo
iba a pasar, acercándose a la costa, escondiéndose entre las rocas
levantadas por el maestro Bröck, emergiendo el rey Baal desde el
interior de su castillo, emanando una potente energía mágica, lo
que asustó a los esbirros de Yamm.

Hasta
que saliste –dijo Blaze con voz cansada, apoyando sus manos sobre
sus caderas, viendo al rey salir de su castillo desde la lejanía.

El
mar comenzó a sacudirse igualmente, emergiendo la cabeza de Yamm
desde las profundidades del océano, para luego erigirse su colosal
cuerpo hasta ocultar su rostro entre las
oscuras
nubes que
invocaron los maestros del rey Baal, entrando el agua al interior del
reino nuevamente, rompiendo las olas en las rocas que debían
defender
a los
soldados
humanos
de sus enemigos acuáticos
,
volviendo el agua a donde debía estar luego de unos pocos y
poderosos bamboleos.

Supongo
que esto es el final que esperábamos –dijo Hänä, aprestándose a
lo que sabía era la parte difícil y decisiva de esta batalla.

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