Una persona corruptora es aquella que, de manera activa, ofrece, promete o da algo de valor (dinero, bienes, favores, ventajas, etc.) a otra persona, generalmente en una posición de poder o influencia (como un funcionario público), con el fin de obtener un beneficio indebido. Este beneficio puede ser una acción, una omisión, una decisión favorable o cualquier otra ventaja que no se obtendría por medios legítimos.
Si buscamos en Internet, es la definición que nos hace de una persona corruptora. Es decir, esa persona que ahora tenemos por aquí, que sin decir nombres va a todos los programas o tertulias de televisión aireando los trapos sucios (que los hay) del corrompido porque, posiblemente, aunque el corrompido (que lo es) no le ha dado al corruptor todo lo que pedía, va aireando, como he dicho, los trapos sucios.
Y es que el dinero es un pozo sin fondo y, seguramente, corruptos hay muchos, que no estarían, evidentemente, si no hubiera corruptores. Esos señores que, sin saber cómo, se declaran empresarios, tampoco se sabe muy bien de qué, y suben como la espuma.
En esencia, y siempre según la red, sigue diciendo de la persona corruptora lo siguiente:
La persona corruptora es quien inicia o participa en el acto de soborno o cohecho, buscando influir en el comportamiento de otra persona para su propio interés ilícito. Su acción es la contraparte de la persona corrompida (la que acepta el soborno).
Y es que algunos tienen una cierta gracia para corromperse y corromper. Desde invitar a un café por un favor hasta algo más grande, al final todo son pagos por algo que, de otro modo, no podrían conseguir.
Esto, junto con la clase política a nivel mundial, hace que las cosas vayan como van. Guerras abiertas, genocidios apoyados por países que sacan beneficio de ello, sin importar que mueran cientos o miles de personas.
Parece que en los últimos tiempos han desaparecido las ideologías y que quien piensa meterse en política, o mejor dicho, vivir de la política, ya no mira sus ideales o su ideología; mira simplemente el partido mejor posicionado para meterse y llegar algún día al poder.
Para mí, y con todos mis respetos, esto ya es un modo de corrupción, donde el corruptor y el corrompido son la misma persona, ya que está haciendo algo para que un día revierta en su propio beneficio y, de alguna manera, de forma ilícita: sin creer en ello.
Así nos va. Y en España, aunque podría hacerse extensivo al resto del planeta. Desde el gobierno de Felipe González, con sus «Roldanes» y su Vera particular, sin descartar al hermanísimo Guerra, siempre ha habido visos de corrupción.
También el gobierno de J. M. Aznar tuvo sus más y sus menos, donde casi todo el equipo de gobierno estuvo condenado por alguna causa afín a la corrupción. Zapatero fue el presidente más criticado, pero quizá el menos corrupto de los últimos tiempos, y al que una crisis económica internacional tumbó. Aunque, como siempre, la oposición le acusaba de todo lo que ocurrió a nivel global y que, lejos de solucionar con un gobierno formado por M. Rajoy, empeoró y nos metió en unas deudas multimillonarias, donde Europa, gobernada por su mismo partido, a punto estuvo de intervenir con la famosa «Troika».
Aparte de vaciar la «hucha» de las pensiones, o prestar dinero a entidades privadas que no han devuelto ni devolverán jamás.
También los Rodrigo Rato, los Bárcenas, etc., cayeron en la corrupción, además de muchos cargos autonómicos que, aunque ahora son de filosofía hinduista, en los tiempos del traje y la corbata de Armani se declararon «yonquis del dinero».
Aún quedan personajes misteriosos por destapar, como un tal M. Rajoy que aparece en los papeles y que parece que también se llevó tajada o, como dicen ahora, mordida. No sabemos quién es, pero por el apellido debe guardar parentesco con el presidente de aquel gobierno; igual es su primo, el meteorólogo del que tanto presumía el presidente en su día.
Ayer, en un programa de televisión al que yo calificaría de tóxico, estuvo un corruptor de tertuliano: un señor que salió de la cárcel con la condición de que hablara para reducirle la pena. Siempre algo a cambio de algo, y es que los corruptores no dan nada gratis.
Por eso, siendo como es, seguro que a dicho programa no iría gratis.
Lamentablemente, hay gente que los defiende y los alaba porque, en el fondo, son como ellos. Son de los que dan propina al camarero, pero no porque se la gane. La dan para que a ellos les sirvan primero cada vez que entren en la cafetería, aunque esté llena de gente.
Estos son corruptores en potencia, que no dudarían en hacer algo más gordo si eso les reporta algún beneficio. Lástima de país.
Igual ya habría que empezar a pensar seriamente en limitar los mandatos a cuatro años porque, una vez que saben dónde está la caja fuerte, no paran hasta vaciarla.
Y malos los votantes también, que votamos a gente como Trump, Maduro, etc.
Mientras otros se autoproclaman ellos mismos presidentes y, encima, algunos —siempre los hay— les alaban el gusto.
Aunque, bien mirado, al final solo nos queda votar lo que se presenta, y lo que se presenta es gente con ambición de poder, de buscar una paga de por vida o de sacar beneficios por su condición.
En cualquier caso, les importa una mierda la ciudadanía, el pueblo, mientras ellos son privilegiados en todo. ¿Para qué calentarse la cabeza? Vive bien mientras puedas y procura llevarte todo lo posible para cuando esto se acabe.
Gente que es rica de cuna, seguramente por corruptelas, o personas que ven su vida en la política porque, en una empresa privada y como operarios, no durarían ni veinticuatro horas.
Así nos va…
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