El editor estaba decidido a publicar su diario, su intimidad, su mundo. No tenía permiso ni lo necesitaba: autor muerto sin familia. Ahora era un escritor de moda y sus diarios le reportarían un gran beneficio editorial. Pero antes corte y confección: el editor tijeras quitó lo de su poco afecto monárquico, lo de su tendencia a arrimarse al otro sexo, su poco credo católico, lo de su poca estima académica y quedó en un diario de un autor reducido a cinco páginas pero decentes a los ojos del editor. Próximamente en su librería de confianza.
@Carme Folch, 2026
OPINIONES Y COMENTARIOS