En la yema del tiempo
se pierden lentamente los años,
sus pisadas aceleradas son implacables.
Se deshilacha la juventud
entre los telares del viento,
su agua lozana se va secando.
Ya el árbol lozano
no es el mismo;
su piel, rama verde,
se va oxidando,
el follaje de sus ojos se nubla,
sus ramas antiguas tiritan temblorosas.
Es el momento
de equilibrar la vida,
de buscar jardines de paz interior,
de perdonar errores del aire,
de firmar treguas con el espejo,
de mirar sus critales con ternura,
perfumar las flores que quedan;
y saldar alguna cuenta perdida.
En el ocaso
de la existencia
vuelan pañuelos de sal
por los sueños conseguidos,
por los sueños truncados,
por las sillas vacías,
por los nombres que apagó la ausencia.
El carruaje final llega,
debemos marcharnos
en sus silletas
con conciencia blanca y alma erguida,
con flores de paz
y con lamparines seguros
de la misión cumplida.
Autora: Edith Elvira Colqui Rojas (Perú)

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