Hazlar la Comarca Escondida, IVª Parte, Final

Hazlar la Comarca Escondida, IVª Parte, Final

Adelfa, se acercó un poco más a la chimenea, lo que hizo que Felicia se sobresaltara, al no esperar el movimiento de su butaca. Adelfa le pidió disculpas en un tono muy bajo para que Will no se despertara, y ambas rieron, Felicia cubriéndose la boca con un pequeño pañuelo y Adelfa, su butaca, poniendo un cojín sobre la suya. Cuando la abuela Fela vio que Will se había quedado dormido, detuvo la lectura inmediatamente, para que no se perdiera ningún detalle de esta última parte de la historia de Hazlar.

—No me había dado cuenta, que se ha hecho muy tarde, —dijo Felicia, apoyándose en su butaca.

—Continuaremos mañana. —Agregó mirando a Adelfa.

Entonces le hizo una señal a la Alfombra que al parecer, tampoco se había percatado de que el pequeño Will se había dormido y volvió a sonreír. La Alfombra, que observó la señal que le había hecho Felicia, se puso a realizar lo que habían acordado. Entonces fue hacia Will, lo acomodó suavemente sobre ella, y lo elevó sin que él lo notara, y sin prisas voló por los pasillos, subió las escaleras y entró en la habitación, que ya tenía la puerta abierta. La Alfombra que presumía de muy buen oído, escuchó el roce de las zapatillas de la abuela sobre los suelos de madera, cuando esta se acercaba.

—Al fin llegué, —dijo, en un tono más bajo y sin que Will lo escuchara, concluyó con un dedo sobre los labios. Fela, había planeado todo para que nada fuera distinto a como ella lo había previsto. Entonces al abrirse la puerta nuevamente para que ella entrara, se escuchó un leve crujido. Le había faltado ponerse de acuerdo con la Alfombra para que no cerrara la puerta. Fela se puso seria y en ese momento Will abrió sus ojos. La Alfombra que lo depositaba gentilmente sobre su cama se quedó seria también, mirando a Fela. La abuela se acercó a su carita soñolienta, le dio un beso, y le dijo:

—Duerme, sueña, mañana sabrás qué hacer. Lo cubrió con una manta y apagó la luz. Al cerrar la puerta, Will comenzó a escuchar en voz muy baja una historia, era el cuento de antes de dormir, que decía así:
«Érase una vez, hace ya mucho tiempo, una Rana, un Gato y un Murciélago …»

Will se quedó profundamente dormido, sin poder escuchar este cuento que hablaba de la arrogancia, del egoísmo de algunos, de la prepotencia y del abuso de poderosos reinos, que usurpaban y robaban las tierras, los bosques y los mares, a las más indefensas comarcas que estaban cerca de sus reinos, y también, del valor, y la abnegación de los pequeños hombres y mujeres, que no por esa condición dejaban de luchar con arrojo y valentía. Y así pasaron la noche, cada uno durmiendo en sus respectivos sitios. 

Pasó el tiempo que cuando hace mucho frío, va más lento y da más pereza levantarse, despertaron. Felicia volvió a encender la chimenea, echó unos cuantos leños y dijo asomándose por la ventana que daba al jardín:

—La mañana está muy fría Will, cúbrete con la colcha que está sobre el sofá, y agregó viendo a Lucy que movía la cola insistentemente.

—Está bien  Lucy, entra con Will debajo de la manta. —y Lucy entró, sacando la cabeza por el mismo sitio por donde Will sacaba la suya.

—¿Han descansado?, ¿estamos todos? —Asintieron y agregó:

—Pues sí —dijo Fela, abriendo la página marcada. Volvieron a juntarse como el día anterior, todos en la habitación de la abuela, para seguir cada detalle de la historia que Fela continuaba contando. Agripina derrochó una suave luz sobre la habitación. La Alfombra se colocó en el mismo sitio donde habían estado Will y ella, la noche anterior. Y ya una vez  ubicados en sus puestos, la abuela continuó:

«Y Willowwowind, preguntó:

—¿Es verdad que el País de la Eterna Tristeza, tiene las últimas palabras que necesitamos para salvar a las hadas y a la Reina Valls? Entonces, después de dar algunas vueltas, las palabras cayeron todas dentro del bolso de Sirón, y saltaron fuera las pequeñas piedras que guardaba, cayeron al suelo de una manera diferente a la última vez. Ruan miró a Sirón y Sirón, con cara de asombro le dijo:

—La respuesta que buscamos la tiene Bridda.

Ruan se sintió perdido. Bridda era una bruja que estaba muy resentida, y no lo ayudaría en nada. Tendría que contale la verdad y eso tendría graves consecuencias. Detrás de su disfraz de bruja común, había una bruja muy peligrosa que hasta el mismo Sombrío le temía. Entonces Ruan reunió la comitiva de Fayers y les contó lo que habían dicho las runas del saco de Sirón. Will que estaba un tanto alejado, se quedó pensativo hasta que de pronto se acercó a Ruán y le dijo:

—Busquemos un lago sereno e invoquemos a la Reina de los Vientos, va siendo hora que lo hagamos. Coloquemos la flor que nos entregó, y pidámosle ayuda. 

Dicho esto, fueron a un lago, colocaron la blanquísima flor en el centro de sus aguas transparentes y tranquilas. Entonces casi al instante, se levantó una ráfaga fría de viento y detrás de unos relámpagos, se vio a Bridda que volaba, encima de su vieja escoba, se escuchaba su voz áspera y grotesca, que gritaba y maldecía a Will:

—¡Maldito seas gigante Will!,! haré un conjuro para que mueras sin ver a tu familia. Ni la misma Reina de los Vientos te podrá salvar de mi maldición. Ni verás a tus seres queridos, ni a tu  perra, ni a tus amigos, ¡Nunca serás el Rey de Hazlar! Ni ninguna de mis hermanas serán Reinas. Ya sabré yo cómo hacerlo y será la última vez que lo recordarás. Borraré de tu mente todo lo que te ha dado felicidad y al lado del pueblo más triste que hayas conocido, vivirás para siempre ahí, será una vida terriblemente solitaria. Y de mis hermanas Isaida y Yazar, se arrepentirán de esta traición.Yo lo prometo. 

Entonces antes de irse, dio varias vueltas, levantando un remolino de hojas secas, que se elevaron y la siguieron, hasta perderse de vista.

Después de que Bridda se marchara, se hizo un profundo silencio. Will no entendía ese odio surgido así de pronto, ni comprendía por qué Bridda lo unía a sus hermanas. Nunca imaginaron que Sombrío estaba detrás,  había alimentado ese odio, diciéndole a Bridda que el gigante Will se quedaría para ser el Rey de Hazlar, y que sus hermanas serían las Reinas. Entonces, después de unos minutos de vacilación, Will tocó el hombro de Ruan.

—Ruan no perdamos más tiempo, el reto de Bridda yo lo acepto, —dijo con voz firme. — Pero continuemos con nuestros planes, compartámoslos  con los demás Fayers. Rápidamente Ruan se dio la vuelta y se puso enfrente de todos los Fayers y sus palabras fueron estas:

—Fayers de todas las tribus de Hazlar, ha llegado la hora más esperada y la más triste. Somos un pueblo pacífico, custodios de la magia. Nuestras comarcas están amenazadas por El Mal. Regresemos a nuestros territorios. Desde allí  será mejor levar a cabo nuestros planes. Nos acompaña el Gigante Will. —Será dura la batalla pero triunfaremos. La verdad, la honestidad y la compasión, serán las banderas que nos guiarán. Dicho esto, todos los Fayers, con la emoción dibujada en los ojos, se abrazaron y se reconfortaron con palabras amables, dándose esperanzas mutuamente y movilizando los poderes que tenían esas palabras. 

Llegó la noche, todos se acostaron en el improvisado campamento. Ruan y Sirón se turnaron para vigilar  mientras todos dormían. El polvo dorado de las hadas, se había terminado. Eran visibles ante todos, y eso era muy peligroso. Will que insistió en participar también en la vigilancia, estaba tan extenuado que se quedó dormido en el mismo sitio que se había sentado. Y así pasaron la fría noche, Ruan y Sirón turnándose.

La noche transcurrió sin incidencias. Llegó la hora de levantar el campamento, los tres soles comenzaron a alumbrar la tierra, cada uno con sus colores. Era el momento de comer algo y continuar el camino. Al parecer no había otro plan como alternativa para sortear la Ciudad de la Eterna Tristeza, no querían volver a pasar por allí. La última vez que entraron y se detuvieron a descansar, casi quedaron atrapados en su contagiosa melancolía. Entonces, Ruan desesperado, llamó a Tonalia, una Fayers que conocía de sortilegios complicados en adivinar. y le preguntó si sus conocimientos se podían utilizar para vencer a Sombrío, a lo que la Fayers respondió. 

—Ruan, la magia que yo custodio es magia clara, y no sirve para hacer daño ni luchar en guerras. —Y agregó: —La Reina de los Vientos, tiene algo importante que decirte. Vayan  al lago y espérenla allí. 

Regresaron al lago a colocar la flor que les diera la Reina del Viento, y al acercarse, comenzaron a emerger infinidades de burbujas , con olores a flores del bosque. Y de improviso apareció la Reina del Viento, y dijo estas palabras: 

—Noble Ruan, ni a Sombrío ni a Bridda se les vencerá con una guerra que solo persiga el derramamiento de sangre y la muerte, a Sombrío se le vencerá con la bondad y la compasión, incluso hacia él mismo, como bien digiste. Él tratará de enfrentarnos, no quiere que pueblos como los nuestros se unan, es muy astuto. Algo se le ocurrirá para separarnos. Cuídense más de Sombrío, él es el Mal. — Después de decir estas palabras se hundió en el lago y desapareció. 

Esa noche Will creyó tener un sueño, pero no se daba cuenta que era la realidad y que Sombrío había hecho un conjuro para  que Will pensara que era un sueño. Soñaba que con Bridda y Sombrío,  lo llevaban hasta el mismo borde de los abismos que rodeaban los palacios de los Hombres Alados. En tanto Will pensaba que era un sueño, no temía nada de lo que Bridda le ordenaba. Bridda lo fue llevando hasta el borde del  precipicio y él la seguía, detrás se escuchaba la voz de Sombrío:

—¡Tú gran Bridda, la más inteligente!, lánzalo al vacío. Tú puedes volar y él no, solo puede caminar hasta el país de los hombres alados, pero tiene que estar presente y darle permiso la Reina del Viento, sino caerá Will a la gran nada que rodea al país de los Hombres Alados. Aquí solo estamos nosotros tres. Willowwind, recuerda que esto es un sueño por real que te parezca, —dijo.

Mientras, Bridda lo animaba a Will a seguirla, Will seguía pensando que estaba en un sueño. Sombrío tenía dos planes, uno, acabar con Will primero, después con Bridda, dejando que esta cayera al abismo también, había perdido el poder de volar y lo desconocía. Sus hermanas ya se habían ocupado de eso. De pronto Sombrío cansado de esperar a que Bridda terminara con Will, fue sigilosamente hacia los dos, empujó primero a Will y la bruja dijo sorprendida,

—No aún no, ¿pero qué haces? —chilló Bridda.

Apto seguido Sombrío, la empujó a ella también. Lo que aconteció en poco tiempo fue algo inimaginable. Bridda caía y Will se mantenía flotando. Entonces cuando la bruja pasó cerca de su brazo, el niño la sujetó. Bridda le gritaba tratando de soltarse:

—¡Suéltame, basta de humillación, déjame morir!. —Pero Will no la soltaba, a pesar de que la bruja forcejeaba con gran violencia. Sus hermanas habían debilitado la fuerza de sus maleficios. Bridda desconocía que había perdido todos sus poderes. Will que no comprendía lo que pasaba, la sujetó con mucha más fuerza, esa fuerza que nace del corazón de los que brindan ayuda a cambio de nada.

Sombrío al ver esto, salió corriendo por el borde del abismo, quería separar las manos de Will y Bridda. Esto no podía estar pasando. El perdón, la gratitud y la compasión, eran sus peores martirios. Tenía que terminar con esos sentimientos que surgian entre dos enemigos que parecían irreconciliables, y de pura rabia, comenzó a patear el suelo, con tanta violencia, que la tierra que cubría los bordes del vacío comenzó a resquebrajarse debajo de sus pies, se deshizo, fue cayendo a la Nada. Cuando Sombrío se dio cuenta de lo que había provocado, y que su magia no servía en el país de Los Hombres Alados, caía él también al fondo de esas Nada. Un alarido de terror lo siguió, hasta que se fue apagando en las abismales profundidades. Sombrío había invocado, antes de caer, a las hermanas de Bridda para que lo ayudaran, pero ya era demasiado tarde, además contra el poder que tenía la Reina del Viento, era imposible desafiarla y mucho menos en su reino.

—Sálvate tú gigante Will, no podrás sujetarme por mucho más tiempo, morirás también, déjame caer y sálvate que te necesitan los Fayers. De repente apareció la Reina del Viento y sin más preámbulos. dijo:

—»Vientos, ráfagas y brisas eleven a Will y a Bridda y deposítenlos en Tierra Mágica». Dicho esto, Will y Bridda se elevaron y fueron depositados en el mismo palacio de la Reina, el recinto más importante y considerado Sagrado. En cuanto pusieron los pies en esas tierras, Bridda cambió su aspecto. Sus harapos se convirtieron en un majestuoso vestido blanco. La Reina levantó el cetro y dijo:

—»Que salga la oscuridad de tu corazón Bridda y que la pureza del amor sea la fuerza que te guíe de ahora en adelante». —y apuntó nuevamente con su cetro a Bridda.

Bridda preguntó:

—¿Por qué este trato con ella tan benévolo, con lo cruel que había sido con los Fayers, —a lo que la Reina le respondió:

—Reina de las brujas, para mí no hay nada oculto bajo los tres soles de Hazlar ¿Crees que no supe que la luz que más fuerza tuvo para ahuyentar a los vampiros, a esas bestias aladas, fue de un conjuro que invocaste tú y , supe a todo lo que te enfrentaste y el peligro al que te expusiste, sin esa ayuda los Fayers abrían perecido y tú, arriesgaste tu vida sin pensarlo dos veces. Además mi padre el Rey, me dijo que en ti podíamos confiar, y lo has demostrado. Y tú Will te tenemos un gran agradecimiento, por eso te doy lo más sagrado que tenemos en mi país por tu importante ayuda al Reino de la Magia, llevarás las alas mientras vivas en Hazlar. Y diciendo esto, dos enormes alas salieron de su espalda. La Reina lo miró risueña y le dijo:—Vuela bien alto y admira la belleza de Hazlar, no la olvidarás jamás. Will no salía de su asombro, ¿volar a donde quisiera?, esto sí que era magia; y se alzó sobre los abismos y al otro lado vio a Ruan, y lo saludaba con una alegría que desbordó ambos corazones. Entonces Will, bajó y lo sujetó, lo llevó por las alturas con una fuerza que no sabía que tenía. Después de dar un gran paseo por sobre Hazlar y parte del país de los hombres alados, bajaron Ruan y Will y llegaron a tierra firme. Sirón los estaba esperando, y con una alegría inusitada se abrazaron, ¡Ya el mal había desaparecido! Mientras esto ocurría, Ruan miraba a Will con sus poderosas alas. Cuántas cosas habían vivido juntos, todo porque la magia no desapareciera de sus vidas ni de la vida de todos. De repente Ruan le señala a Will a sus espaldas, un séquito innumerable de mujeres y hombres alados llegaban, con imponentes unicornios de los mismos colores que los soles. A su ves cerrando la comitiva, La Reina del Viento, apareció sentada sobre un caballo alado, que con mucha elegancia y delicadeza la llevó a donde estaban Will y los demás Fayers. Y fueron estas sus palabras:—Hazlianos, el Mal a sucumbido, la magia a vuelto, sin magia la vida no tiene sentido. La bondad, el perdón , la compasión y la gratitud, estas son las palabras que buscábamos, no las perdamos de vista. Con ellas no se termina el amor hacia los amigos, no las olvidemos. —Y continuó.— El Pueblo alado da las gracias y agradece a todos los que ayudaron a liberar nuestro gran país del egoísmo y la incomprensión de algunos hazlianos malvados. Terminadas sus palabras, dio la orden de regresar, no sin antes despedirse de todos. Ruan que había llegado con Will, se reunió con los Fayers, que celebraban la desaparición del malvado Sombrío. Ruan dio las gracias a Will por el paseo. Nunca había volado por los acantilados y abismos de Hazlar, después de celebrar con emoción y enorme alegría, Will le contó a Ruan, todos los pormenores de las últimas horas, llenas de hechos sorprendentes.

—Hay algo que debes saber, el final de la emboscada que nos prepararon los vampiros, seguro lo recuerdas, nunca hemos estado más cerca de la muerte— y prosiguió:—Vencimos por la ayuda de Bridda.—¿De Bridda has dicho?— Preguntó Ruan con incredulidad.—, pero si el Fayers Sirón tenía la piedra de la luz, en ese momento llegó Bridda, acompañada por dos hombres alados. Había escuchado las palabras de Ruan.—No fue suficiente Ruan —dijo Bridda,— La luz que de Sirón solo los detenía, la luz brillante de la Luna plateada, la luz de la Quinta Luna fue quien los cegó.

—¿Eres Bridda? Preguntó extrañado Ruan,

—Sí —dijo, parecía avergonzada y bajó la cabeza.

—Perdona, —dijo Ruan,— no te había reconocido, y continuó— No sientas vergüenza Bridda, el arrepentimiento y el perdón nos hace mejores a todos.

—Si ganamos y salimos ilesos, — agregó Will mirando a Bridda.—fue por la luz cegadora de tu piedra Bridda, otorgada a ti por la quinta Luna y por ello te estamos muy agradecidos y a las lunas también.
Ruan quedó muy sorprendido.

—Sí Ruan soy yo, la que tienes delante, he cambiado, y ustedes me han hecho reflexionar y si quedaba alguna duda de mi cambio, la Reina del Viento limpió todo mi ser.

—En realidad nunca nos hiciste daño, era tu curiosidad la que me preocupaba y me temo que nadie lo podrá cambiar,— y se rieron los tres.

—Bridda cuéntale a Ruan como fue que decidiste seguir a Sirón.

—Sí seguí a Sirón, me había dado cuenta de que no teníais la luz a la que ellos verdaderamente temen, la luz de la quinta luna, la Luna Plateada, sabía que vuestra luz, solo los detendría por poco tiempo.— y continuó.— Después de hablarte Ruan, me percaté que no conocías a lo que se enfrentaban, yo sabía el terror que los vampiros tenían a la luz, sobretodo a la luz de un ritual que las Lunas invocan cada noche para alumbrar Hazlar, y que ellas me enseñaron. Solo ellas conocen ese rito.

—¿Y cómo lo conociste tú?

—Me lo obsequiaron las cinco lunas, por haber encontrado sus espejos del Buen Amanecer. Llevaban mucho tiempo perdidos.

—¿¡El espejo del buen amanecer!? —preguntó Will.

—Ya veo que no soy la única curiosa. —Y se rieron un buen rato.

De pronto una algarabía llamó la atención de los tres, venía Dunia de primera diciendo:

—¡Ya salido Valls de su dálila! Venir, nos espera!

—Yo sin mi escoba no sabría qué hacer,— dijo Bridda, saliendo la primera.

En tanto Will alzó a Dunia y a Ruan con esa fuerza que desconocía que tenía.

—¡Estamos volando!, —gritaba Dunia─ mientras Will bajaba en picado.Will detén tus alas , decía Dunia riendo. Y Will respondía, — Allá voooooyyy¡¡¡¡¡¡¡
Los días pasaron entre fiestas, alegría y perdones…

Fela guardó sus amarillentas hojas, donde conservaba el cuento de Hazlar. Se produjo un silencio que duró unos minutos.

—Abuela, ¿se ha terminado la historia de Hazla?, ¿faltan cosas por contar abuela Fela?

—Sí, probablemente se preguntarán , ¿qué fue de Willowwind?— dijo Fela.

—Sí,—dijo la Alfombra y todos la siguieron— sí, sí, …—se escuchó por todas partes.

Entonces la abuela Fela tocó por un brazo a la butaca Adelfa para que la ayudara a levantarse. Una vez de pie, dijo:

—Pues bien, Willowwind, — dijo Felicia —de los días que siguieron, una bella tarde, le dijo a Ruan.

—Ruan ha llegado el momento de la despedida.

Ruan aunque sabía que este momento llegaría, se puso triste y mirando a Will no dijo nada y se abrazaron con un abrazo, de esos, donde se puede sentir el corazón del otro…de esos mismos. Will dijo:

—Me iré como llegué, sin mucho ruido. —Los dos se rieron y volvieron a abrazarse.

—Vendré los domingos, cuando no tenga clases, ¿me lo permites?

—Amigo Will, Hazlar es tu territorio de fantasía, te agradecemos tu inestimable ayuda, amigo.

—Me despides de todos, he aprendido muchas cosas que seguramente desconocía, sobre todo el valor de la amistad. Es la amistad el afecto más desinteresado, y más sincero que he conocido, y vosotros me lo enseñasteis .Entonces Ruan guió a Will hasta un agujero por donde entraba una luz brillante y le dijo:

—Sigue por ahí, fue por donde entraste. Saltó por el pequeño agujero e inmediatamente tomó su tamaño natural. De seguido escuchó los ladridos de su perra Lucy y la abuela Fela diciendo:

—Lucy por qué corres de esa manera, Will ven a controlar a esta Lucy que parece que hace cien años que no te ve. Y tú Will no me abraces tan fuerte, — dijo— estás como Lucy, me van hacer caer. Y entre risas y abrazos fueron a casa.

—¿Estan mis padres? — preguntó a su abuela con una emoción que solo su abuela comprendía.

—Sí, — le respondió. Mientras Lucy seguía corriendo y saltando de alegría.

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