¡Que miércoles más extraño! No creí que iba a finalizar el trabajo que tenía pendiente, pero esas dos horas de la madrugada me ayudaron mucho. Ayer estaba bastante preocupado por todos mis compromisos. La universidad, mis dos empleos, la iglesia. El último no era una gran preocupación de hecho, pero molesta. Y ahora que lo pienso, ese sueño.

¿Qué significara soñar con un lugar lleno de niebla? En ese sueño, estaba solo. La niebla densa no me dejaba ver el horizonte. El frío era tan intenso que… El piloto del bus no le teme a las curvas. Me conviene. Hoy salí tarde de mi casa y, como ya es de costumbre, no alcancé el bus que me deja frente a mi trabajo. Admiro a los pilotos de bus. Tienen deshinibido el sentido de precaución, pero en mi caso, mdebo escoger entre llegar rápido o no llegar.

¿Qué es esa imagen que recuerdo? En mi sueño, me levanté de la cama y vi mi teléfono celular. Cinco treinta de la mañana. Comencé mi rutina de ase personal y bajé a desayunar, pero no había nadie en la cocina. Revisé toda la casa, pero no hallé a nadie. En la calle tampoco.

Mi parada se acerca. Cuántos estudiantes. Más de la mitad de los pasajeros del bus son estudiantes.

Recorrí unas cuantas cuadras y todo estaba vacío. La niebla era densa. Mi rostro acumulaba gotas frías y yo comenzaba a temblar. Sin embargo, me encantaba el clima. Sucely me había dicho que también le gustaba este tipo de clima. No había ningún tipo de transporte, ni estacionado en la calle. Entonces, cuando estaba por llegar aloarque vi aquella figura. Al principio, lo confundí con un árbol de aquel misero parque. Que poco observador soy. Era alto. Totalmente cubierto de negro, a excepción del rostro, del vlanco mas puro que jamás haya visto. Ahora que recuerdo su imagen viene a mi mente el guardián Wa Shi Tong, que custiodiaba celosamente su tan amada biblioteca.

¿En qué momento bajé del bus? Las personas todas van a toda prisa a quién sabe donde. Al ritmo de Cowboy Boots, de Macklemore, paso al lado del cementerio general. A lo lejos veo a aquella mujer. Los zapatos destruidos, la piel quemada por el sol. La cabeza totalmente rapada, roendo una prenda hasta dejarla como harapos. Paso al lado de ella y, de soslayo, noto que me dice algo. Suerte que no lo escucho por mis audífonos.

Observé por bastante tiempo a aquella figura, y entonces me vio. Sus ojos negros eran hermosos. Se inclinó hacia mí y sentí plenamente su atención. Giró con una suavidad cautivante y se dirigió a uno de los bancos del parque. Se detuvo a medio camino y giró la cabeza levemente hacia mí. Me estaba llamando. Le seguí y nos sentamos juntos. Fueron horas las que pasé ahí, o eso creo. Jamás me había sentido tan pleno. Me sentía seguro a su lado. Entonces desperté y comenzó mi día.

Ya estoy frente a mi trabajo, no tengo ganas de entrar, pero ya llegué muy lejos para regresar. La secretaria me ve y se levanta de su asiento. Toma el teléfono y hace una llamada, «¡Buenos días!» dije, no recibí respuesta. Mi supervisora se acerca de prisa, algo está pasando. «¿Se encuentra bien?», me pregunta evidentemente alterada. «Sí, gracias», respondí atónito. «Bueno, entonces, ¿cree que puede faltar un día de trabajo sin consecuencias? Y mire nada más, ¿recuerda que están prohibidos los tatuajes?». ¿De qué está hablando? Veo mi teléfono y me horrorizo. ¡Jueves! 11 de junio. Hoy es jueves. También me percato de que entre mis tatuajes, que por algún motivo olvide a cubrir, hay uno nuevo. Parece una mancha pero es una silueta, es esa silueta.

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