Si te casas, lo vas a lamentar;
si no lo haces, te arrepentirás;
elijas el camino al caminar,
al mismo desencanto llegarás.
Si te ríes del mundo y su locura,
también eso tendrás que lamentar;
si lloras por su pena y su amargura,
el llanto mismo habrás de deplorar.
Si confías en ella, sufrirás;
si dudas, perderás claridad;
por una u otra senda llegarás
al mismo laberinto de ansiedad.
Si sigues respirando este dolor,
vivirás bajo el peso del pesar;
si todo lo abandonas, es peor:
tampoco así podrás escapar.
Es la suma entera del saber
que guía al hombre en su vivir mortal:
que toda elección trae padecer
toda senda lleva al mismo mal.
Mas quien pretende unir los dos extremos
creyendo hallar la paz al medio,
descubre que también nos engañemos:
no existe síntesis para el remedio.
La eternidad no vive en lo que fue,
ni en la elección que hiciste alguna vez;
no está atrás del árbol ni del pie
del sendero que tu tomaste después.
Está adelante, siempre más allá,
No en lo que del tiempo ya escribiste;
la voz del porvenir te mostrará
que eres más que aquello que elegiste.
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