
Más allá de las fechas y de los relojes, habito un instante cuya naturaleza desconozco. Tal vez sea una forma de la nostalgia; tal vez una de esas revelaciones menores que sólo adquieren sentido cuando ya pertenecen al pasado. El lector, que inevitablemente es otro, le dará el nombre que yo no sé darle. Los adjetivos se disputan este instante como antiguos teólogos una verdad que acaso ninguno posea.
No sé con certeza qué es este momento. Sé, en cambio, lo que otros verán en él. Algunos descubrirán una tristeza discreta; otros, una forma de la esperanza. Habrá quien encuentre resignación donde yo percibo resistencia, y quien lea una despedida donde apenas existe una pausa. Tal vez tengan razón todos. Tal vez no la tenga nadie.
Los hombres creemos vivir en el presente, pero habitamos una vasta arquitectura de recuerdos. Somos aquello que recordamos y aquello que olvidamos. Cada día modifica secretamente los días anteriores; cada experiencia reescribe las páginas que creíamos definitivas. El pasado no es una piedra inmóvil: es un texto que cambia con cada lectura.
Pienso que también este instante cambiará. El tiempo lo irá despojando de sus contornos, como el mar desgasta una inscripción sobre la arena. Lo que hoy parece una certeza será mañana una sospecha; lo que hoy duele acaso se convierta en una enseñanza o en una simple curiosidad de la memoria.
No me inquieta esa transformación. Acaso la identidad no sea otra cosa que una sucesión de olvidos cuidadosamente ordenados. Acaso el hombre que mañana recuerde estas líneas sea ya otro, aunque conserve mi nombre y mi rostro.
Entretanto escribo. No para explicar lo que siento, porque sospecho que las emociones más profundas son inexplicables. Escribo para dejar una huella en el laberinto. Una señal mínima. Un indicio destinado a un lector desconocido que, dentro de unos años o de unos minutos, encontrará estas palabras y creerá reconocer en ellas algo propio.
Y quizá tenga razón. Porque toda literatura es, en última instancia, una forma de la memoria; y toda memoria, una forma imperfecta de la eternidad.
OPINIONES Y COMENTARIOS