Fueron noventa y dos lunas que te vieron.
Creciste sufriendo maltratos y desamor.
En tus últimos años te quedaste sola,
Solo para enseñarnos lo fuerte que sos.
No merecías tanta amargura,
Porque fuiste guía, fuerza y valor.
Te recuerdo, con nostalgia y pena;
Te abrazo en silencio, con profundo amor.
Sabes que te amo, aun en la ausencia,
Que no pude hacer mucho con la situación.
Aun así te pienso, porque fuiste todo;
Lo hermoso, lo bueno, ejemplo de amor.
Llevo tu legado pegado en mi alma,
Orgullo eterno de ser tu hijo varón.
Yo no quiero nada, solo agradecerte,
Porque fui elegido teniéndote a vos.
Me despido, madre mía. El sueño termina, debo despertar.
Regálame un beso, que calma mi alma
Y al abrir mis ojos no me invada el llanto,
Porque, renovado de fuerzas por verte,
te guardo en mis versos como lo mejor.
OPINIONES Y COMENTARIOS